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Full text of "José Ingenieros y el porvenir de la filosofía"

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Endara, Julio 

José Ingenieros y el 
porvenir de la filosofia 



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JULIO EXOARA 



José Ingenieros 



EL PORVENIR DE LA FILOSOFÍA 



2. a EDICIÓN 



Agencia General de Librería 

rivadavia 15 7 3 

buenos aires 



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José Ingenieros 
y el porvenir de la filosofía 



JULIO ENDARA 



José Ingenieros 



EL PORVENIR DE LA FILOSOFÍA 



2. a EDICIÓN 



Agencia General de Librería 

r i v a d a v i a 15 7 3 

BUENOS aires 



N 



Advertencia de la segunda edición 

Al autorizar la reimpresión en Buenos Aires 
de este ensayo publicado en folleto por primera 
vez en Quito (Ecuador), por la Imprenta y En- 
cuademación Nacionales, en 1921, he creído ne- 
cesario agregar algunos datos sobre el conjun- 
to de la obra de José Ingenieros, y sobre la in- 
fluencia de sus doctrinas científicas y filosófi- 
cas en las nuevas generaciones de hispano- 
américa. Ello sirve de complemento al estudio 
crítico de sus "Proposiciones relativas al porve- 
nir de la filosofía", que constituye lo esencial 
de este opúsculo, y que ahora se reimprime sin 
modificaciones, en la forma en que apareció en 
la Revista de la Biblioteca Nacional de Ecua- 
dor. 

J. E, 



Ingenieros y su obra. 

Deseo madurado desde hace tiempo ha sido 
el de dedicar una serie de netas al estudio de 
la personalidad de José Ingenieros. Fervoroso 
admirador de la cultura argentina, cuya multi- 
plicidad de fases observo y admiro, he creído 
encontrar en este autor un tipo representativo 
de su más alto pensamiento. Y es que Ingenie- 
ros, ensanchando la especialidad de sus estu- 
dios, ha abarcado mayor número de actividades. 
Y su obra guarda en sí los elementos distintivos 
que dan a las nuevas generaciones rioplatenses 
un alto y quizás único lugar entre las varias de 
América. 

El proceso histórico que ha seguido la Argen- 
tina es demasiado reciente para desconocerlo. 
Habiéndose mantenido durante los tiempos co- 
loniales en análogas circunstancias que las de- 
más regiones del Xuevo Mundo, le cupo, a raíz 
de su independencia, la suerte de acumular tal 
cantidad de energías, que, posteriormente, im- 
pulsó su evolución de manera inusitada, hasta 
colocarse en el puesto que ocupa, es decir, a la 
vanguardia de las nuevas civilizaciones ibero 
americanas. Estabilizado, en cierto modo, su 
problema económico — cuya solución en nuestras 
latitudes, no alcanzamos todavía a vislumbrar — 
ha olvidado mucho de esta preocupación po- 
litiquera que nos consume y, en cambio, ha 



10 JUUO ENDABA 

orientado sus ideales hacia un nacionalismo de 
amplio y comprensivo significado social. Cons- 
ciente de su poder y energías, la Argentina uni- 
forma sus tendencias políticas, científicas, eco- 
nómicas, etc., dirigiéndolas hacia los más altos 
ideales de la civilización moderna. Esta unifor- 
midad., debe aclararse, que se ha convenido en 
calificar de nacionalista, no presenta, en su esen- 
cia, los tintes criollistas de tanto mal gusto, que 
algunos han querido, equivocadamente, asignar- 
le. El nacionalismo argentino, por el contrario, 
tiende a la homogenización de aspiraciones, de tal 
manera que presenten particularidades adecuadas 
para asegurar al mismo tiempo el prestigio in- 
ternacional necesario y el desenvolvimiento pro- 
gresivo de sus instituciones internas. Mientras 
buena parte 'de las naciones de América presen- 
tan el aspecto fatigado y vacilante que corres- 
ponde a sus ininterrumpidos esfuerzos por man- 
tener y definir su organización política interna, 
la Argentina se nos aparece ya dueña de sí mis- 
ma y con aspiraciones que tienden a imponer a 
las naciones europeas el respeto a que es acree- 
dora. Sus sociólogos recogen, oro en paño, esas 
enérgicas y multiformes aspiraciones y las en- 
cauzan hacia el pensamiento nacional . De ahí 
que sea tema de asiduo estudio el de "la forma- 
ción de una raza argentina", que Ingenieros ha 
analizado en uno de sus trabajos más dignos de 
meditarse ( i ) . 

No es que por esta denominación se compren- 
da la vuelta hacia las antiguas delimitaciones 



(1) Conferencia leída en el "Instituto Popular d« 
Conferencias" de Buenos Aires y publicada en el diario 
La Prensa el 3 de septiembre de 1915. (Incluida en la 
séptima edición de la obra Sociología Argentina, Bus- 
nos Aires, 1918). 



JOSÉ INGENIEROS 11 

antropológicas, que carecen ahora de sentido 
alguno. El criterio de raza en nuestros días, es 
del dominio de la sociología y no exclusivamen- 
te de la antropología. Y es así como se le con- 
sidera en la Argentina. Constatada una eviden- 
te unidad intelectual, es justo se piense en es- 
tudiarla ''I^o que vemos realmente es el alma 
de la futura raza, caracterizada por aspiracio- 
nes comunes, y plasmándose, lenta y localmcn- 
te, bajo la influencia del medio social y del am- 
biente. Tales manifestaciones son síntomas 
claros de una nacionalidad definida o por defi- 
nirse, y es a esto que en lenguaje sociológico se 
denomina "raza". La raza argentina, con los 
atributos mentales que a la argentinidad atri- 
buye Ingenieros, vendrá, tal vez, más rápida- 
mente de lo que se sospecha. Se discutirá si esa 
futura raza tendrá etnográficamente caracteres 
suficientes como para elevarles a tal jerarquía ; 
pero la nacionalidad futura, sociológicamente 
considerada como una raza nueva, ya está en 
marcha abierta. Sólo fenómenos de carácter 
universal, imprevistos pero no imposibles, po- 
drán retardarla, marcando un compás de espe- 
ra, y nada más. En caso contrarío, habría que 
pensar en una ruptura actual del equilibrio de 
las fuerzas componentes de la nacionalidad; es- 
tamos convencidos de que cada día se alejan 
más las posibilidades de tal desequilibrio", (i). 
Estas palabras, que en labios de un argentino 
surgen naturalmente y nos convencen sin discu- 
sión, serían risibles en los nuestros, ¡por ejem- 



(1) Estas palabras pertenecen a una nota crítica que 
el Profesor Salvador Debenedetti publicó con ocasión 
de la conferencia de Ingenieros sobre La formación 
de una raza argentina, en la Revista de Filosofía. — 
Año 1. — Núm. 6. — Noviembre 1915. — Buenos Aires, 



12 JULIO E>*DABA 

pío, que aún no nos ponemos en camino de una 
tipificación nacional. 

La nación argentina está caracterizada, en su 
organización política y social, lo mismo que én 
sus hombres, por una aptitud de comprensión 
que permite a éstos ser los mejores consumi- 
dores de la producción extranjera, y muy res- 
petables productores. El pensamiento nacional 
e r e distintivo: amplitud y acumulo de ac- 
tividades. Sus grandes centros industriales, lo 
:> que sus hombres, parecen los precurso- 
res de las ciudades tentaculares que cantara 
Verhaeren. Si a menudo se admira la especia- 
lización de unos cuantos científicos, constí 
mente hay que sorprenderse de la polifásica 
aptitud de sus escritores; son contados aquellos 
que toda su labor la han dictado a una sola 
actividad ; la mayor parte, aunque fuertes en 
puntos especiales, tienen notable bagaje de co- 
nocimientos en muchas materias. En una pala- 
bra, resumen en sí este ideal de las civilizacio- 
nes modernas : especialización y cultura general. 

* 
* * 

Al ocuparse de la personalidad de José In- 
genieros, constátanse todos y cada uno de esos 
caracteres. En plena juventud todavía, y con 
motivo de ser electo Académico, escribía: "En 
la Universidad he cursado simultáneamente dos 
carreras que me permitieron adquirir nociones 
de ciencias físico naturales y ciencias médico 
biológicas; vocacionalmente cultivé las ciencias 
sociales y no fui indiferente a las letras. Espe- 
cialicé luego mis estudios en patología nerviosa 
v mental, vinculándome a su enseñanza en la 



JOSÉ INGENIEROS 13 

Facultad de Medicina (1900-1905); pasé natu- 
ralmente a la Cátedra de Psicología de la Fa- 
cultad de Filosofía y Letras (1904-1911), ex- 
tendiendo mis programas a la lógica, la ética, y 
Ja estética, que siempre consideré como "cien- 
cias psicológicas". Desde 191 1 he procurado 
entender la historia de la filosofía; sólo ahora, 
en 191S, me atrevo a emitir una opinión sobre 
asuntos filosóficos". (1). Esta corta biografía 
revela los elementos indispensables, en la ac- 
tualidad, para los estudios filosóficos. 

Los filósofos modernos, si quieren ser preci- 
sos y útiles, no pueden formar, como en épocas 
anteriores, una clase aparte, desligada especial- 
mente de los estudios científicos. Y aunque en 
tiempos antiguos, lo mismo que hoy, la ciencia 
y la filosofía tenían análogo objeto — la inves- 
tigación de la verdad, en cualquiera de sus for- 
mas — mantenían un divorcio de relaciones, per- 
judicial para ambas. En vano se intentaba, a 
veces, la aplicación filosófica de algunos con- 
ceptos científicos, porque ello resultaba tan sólo 
un pretexto para la construcción de sistemas 
absolutos, con pretensiones de originalidad. La 
aplicación del concepto numérico a la filosofía 
dio origen al sistema pitagórico, fantástico, a 
pesar de sus apariencias de precisión, sobre to- 
do ahora que los estudios metódicos han demos- 
trado y demuestran continuamente la falacia 
del número, mil veces más peligrosa que cual- 
quier complicado sofisma de palabras. 

Semejante modalidad ideológica, muy natu- 
ralmente se debía al poco prestigio de la ciencia 



(1) Proposiciones relativas al porvenir de la Filo- 
sofía.— 1919. — Pag. 10. 



14 JÜUO EXDAKA 

de entonces, y a su carencia de da.tos precisos, 
y por lo mismo, expuestos a inducir en error 
con una falsa elocuencia de los hechos. Por otra 
parte, la capacidad de los constructores de fan- 
tasías, cuyo interés radicaba en la busca de ori- 
ginalidad, hacía que se despreciaran muchos da- 
tos científicos, ya de innegable valor, a cambio 
de hipótesis aventuradas, sin otro fundamento 
que complicadas redes de razonamientos. Su- 
jetarse a un criterio científico debía significar 
algún sacriñcio de la personalidad propia. Y 
ello, en épocas de extraña gimnasia del ingenio, 
resultaba inconcebible. Pero los tiempos han 
transcurrido. La ciencia, dueña de métodos in- 
cesantemente perfectibles, para la investigación 
de la verdad, ha logrado imponerse a cuantos 
cultivan con desinterés la multitud de proble- 
mas relacionados con nuestra existencia. 

Cada día se olvida más y más aquella tenden- 
cia que conducía a los filósofos a una posición 
de originalidad, a veces ridicula, y a la delez- 
nable celebridad de las cosas absurdas. El es- 
cepticismo ambiente ya no es ni puede ser te- 
rreno feraz para el cultivo de hipótesis a cual 
más fantástica y más desligada de la realidad. 
El medio exige de los pensadores cierto con- 
junto de condiciones que les' obligan a una es- 
peculación metódica, científica en sus orígenes, 
si se quiere. La filosofía poética de antaño no 
es compatible con las disciplinas severas de 
la ciencia y si la finalidad del pensador es la 
verdad, mal puede creer, en estos días, que la 
poseerá si antes no tiene en cuenta los datos de 
la experiencia. Y por más que las lamentacio- 
nes de Bergson quieran pintar un retrato falso 
de la filosofía científica, en su empeño por en- 



JOSÉ INGENIEROS 15 

contrar autonomía absoluta para ciertas hipóte- 
sis, las actuales generaciones se encuentran ar- 
madas con disciplinas científicas muy sólidas, 
para vencer a esos sofismas. 

Por esto, las discusiones se reducen ahora, no 
a puntos esenciales de doctrina, sino a sutiles 
disquisiciones en las que se ejercita el ingenio, 
con la ayuda de unos cuantos datos científicos, 
defectuosamente interpretados por algunos; en 
esta tarea sólo es posible cierta holgura mental 
que permite, a quienes intervienen en la dis- 
cusión, llamarse filósofos, aunque no sean más 
que retóricos. Ya no se lanzan con buena fe 
nuevos sistemas filosóficos. La originalidad 
absoluta, más que difícil, es imposible. Sólo 
queda la originalidad interpretativa, mucho me- 
nos accesible, pues ella demanda, como se sabe, 
un número tan crecido de datos científicos, que 
ya no se arriesgan a ir por ese camino los que 
otrora especulaban sobre lo absoluto. 

* * 

Una vista de conjunto sobre la obra de In- 
genieros produce, ante todo, una inusitada sor- 
presa. Cada trabajo, para decir el mayor elo- 
gio, parece el fruto de la especialización ; tan 
grande es la cantidad de conceptos nuevos apor- 
tados al contingente de conocimientos, que, por 
muchos aspectos, el lector está obligado a me- 
ditar. Difícilmente, para una inteligencia de 
mediana cultura, los libros de Ingenieros pasa- 
rán sin dejar huellas. 

Siendo un espíritu esencialmente renovador 
se comprende su influencia creciente en los paí- 
ses de habla castellana, y se explica que tenga 



16 JULIO EXDARA 

admiradores incondicionales y adversarios de- 
cídidos. Cada uno de sus libros encierra cierto 
contenido revolucionario, pues a través de las 
páginas se desarrollan abundantes puntos de vis- 
ta que no están conformes con el pensar gene- 
ral, aunque quien dice pensar general dice, ló- 
gicamente, mediocridad general. Para que un 
libro de Ingenieros sea apreciado en lo que vale, 
para que sea admirado, es necesario que el es- 
píritu del lector sea ya un terreno propicio, 
uno de esos temperamentos que viven en per- 
petua y razonada evolución mental, capaces de 
modificar el criterio propio, por más que éste 
sea el fruto de toda una vida de trabajo inte- 
lectual sincero. Los que aman la lectura re- 
cuerdan — y este es un hecho de no escasa im- 
portancia entre las grandes revelaciones mora- 
les — la enorme influencia que ejerció sobre su 
manera de pensar y de creer, la lectura de cier- 
to o ciertos libros ; hacen caer conceptos que 
hasta entonces se tuvieron por justos, muchas 
veces por falta de suficientes fundamentos cien- 
tíficos. De súbito quedan como pulverizados, co- 
mo aniquilados ante la presencia de hechos nue- 
vos o de razonamientos nuevos, que antes ha- 
brían parecido inaceptables o algo menos que 
hipotéticos. El gran valor 'de las ideas recién 
conocidas, es claro, no depende sólo de su po- 
der sugestivo, emocional más bien, como es el 
caso de una lectura hecha por una inteligencia 
poco cultivada; por el contrario, su poten- 
cia, su fuerza, residen en su arquitectónica 
ideológica, mucho más pujante que la antigua, 
pero que, sin embargo, necesita entablar una 
larga y más que larga, intensa lucha, con el cri- 



JOSÉ INGE^IEEOS 17 

terio antiguo, para vencerlo, hasta llegar a re- 
emplazarlo en sus posiciones. 

Cuando el lector posee buena cultura, cuan- 
do tiene condiciones para ello, combate al libro 
nuevo con todo el cúmulo de sus conocimien- 
tos; disputa el terreno al recién llegado, palmo 
a palmo, y no lo acepta y asimila hasta que es- 
ta convencido de la evidente superioridad, hasta 
que no _ le queda ningún recurso para mantener 
la oposición. Sus propias ideas y creencias se 
ablandan poco a poco, para fundirse por últi- 
mo. Entonces, cuando pueden vaciarse en el 
nuevo molde, surgen, como es natural, con una 
forma nueva; en cierto sentido, es otra nueva 
creación la que les ha dado vida. Aquí, como 
en el campo de la físico-química, se ha cumpli- 
do la ley de la conservación de la energía. Sólo 
que en este caso puede decirse que ha aumen- 
tado, con el reciente aporte. De ahí que cuando 
el lector acabe por aceptar el criterio nuevo, lo 
comentará y propagará con mayores entusias- 
mos. Tal es el proceso mental que en varias oca- 
siones he comprobado, cuando he tratado de ex- 
plicarme el entusiasmo que despiertan en Amé- 
rica las obras de Ingenieros. Claro es que 
al lado de este tipo de lector consciente, que he 
tratado de esbozar, hay el parvenú literario, 
científico, etc., que, por contagio y por pose, 
cultiva y repite el elogio de Ingenieros, pero 
con palabras vanas, con ampulosidades frías, 
expresiones peculiares de quien no ha sabido o 
podido sostener en su cerebro una lucha de 
ideas. 

Es claro que al hablar del influjo de las ideas 
de Ingenieros no supongo que el tipo de lec- 
tor descrito acepte en totalidad sus ideas, sin 



1S JULIO ENDAÉA 

perder detalle. En todo influjo aceptado hay 
siempre reservas parciales, aunque las ideas bá- 
sicas hayan ocupado el lugar preminente ; así 
como hay influjos parciales en toda reserva, 
que suele traducirse por la persistencia de algu- 
nos conceptos cultivados y sostenidos desde an- 
tes. Sería una manifestación evidente de debi- 
lidad mental, es decir, de escasa cultura, acep- 
tar el criterio de un libro nuevo, sin ninguna 
modificación en el detalle; la reforma de una 
idea propia implica debilidad de la misma, pero 
de ninguna manera debilidad global de todas 
las que uno ha sostenido en el curso de su for- 
mación cultural. 

Y en esto radica, a mi parecer, el inmenso 
valor de la obra de Ingenieros : obliga a .pensar 
e impone el deber de la propia controversia in- 
terior. Un lector sincero, que entabla la lucha 
con sus ideas, puede aceptar como verdaderas 
las ideas, o más bien dicho, las doctrinas gene- 
rales del maestro argentino, pero sin que ello 
obste para hacer las salvedades particulares 
acerca de muchos problemas secundarios, ver- 
daderos accidentes que han condicionado la for- 
mación de esas doctrinas. Y es claro que mien- 
tras a Ingenieros le parezca preferible sugerir un 
camino dado para llegar a la conclusión defini- 
tiva, bien puede ser, pues ello es lógico y cien- 
tífico. g.ue a más de un lector se le ocurra pre- 
ferible otro, que se dirige a la misma conclu- 
sión. 

Frente a los que aceptan, después de razona- 
da crítica, las opiniones de Ingenieros, hay otros 
que las rechazan en totalidad. La posición y la 
mentalidad de estos últimos es mucho más fá- 
cil de explicar. O son rutinarios, que no tienen 



JOSÉ INGENIEROS 19 

en su vida mental otra misión que la de soste- 
ner ideas que heredaron o encontraron sin que- 
rerlo, y a las cuales se han esclavizado gracias 
a su incapacidad esencial o a su pereza para el 
raciocinio; o son lectores que por su pobreza 
de conocimientos son incapaces de entablar una 
lucha con las ideas nuevas, porque las cogieron 
al vuelo y no conocen siquiera sus fundamen- 
tos; o son vanidosos que no se resignan a de- 
clarar públicamente — por más que estén conven- 
cidos en la intimidad — lo erróneo de sus creen- 
cias, pues se imaginan que con ello disminuyen 
su propio prestigio, que por cierto consideran 
cien veces más valioso de »lo que en realidad es. 

El hecho mismo de que las obras de Ingenie- 
ros den margen a tal multiplicidad de opiniones 
es la prueba más sólida de su vitalidad y de su 
valor. La obra mediocre pasa en silencio; no 
encuentra resistencia, porque está amoldada en 
todos sus aspectos a las creencias más vulgari- 
zadas y su ¡papel no es otro que el de adular al 
lector, ensayando una nueva forma de ser- 
vilismo. El libro mediocre es en todo seme- 
jante a los partidarios incondicionales de los 
políticos de opereta, que, por desgracia, tanto 
abundan en todos los países sudamericanos. 

Ingenieros piensa con su propio cerebro y 
escribe en estilo personalísimo, poniéndose muy 
por encima de las "ideas convencionales" tan 
apreciadas por la mediocridad. Quien, como él, 
ha demostrado admirables aptitudes en diver- 
sos aspectos del conocimiento humano, no pue- 
de adaptarse a las "verdades a medias" que tan- 
to gustan a los que no piensan, ni podrá ser 
mirado nunca como va escritor de influenci? 
transitoria. 



20 JULIO EN'DABA 

Quien haya admirado sus estudios filosófi- 
cos, acabará por convencerse de que si un hom- 
bre de erudición tan amplia, y que ha estado 
tan cerca de los atractivos potentes de diversas 
teorías e hipótesis, apoyadas sobre grandes pres- 
tigios, no se ha convertido en adicto de ninguna 
de ellas, con exclusión intolerante de las otras, 
es porque su talento original le induce a tomar 
lo que efectivamente tiene valor, para fecun- 
darlo con sus propias ideas, renovarlo y for- 
mular conclusiones en muchos aspectos origi- 
nales. 

No es nuestro propósito hacer un estudio de 
la obra científica y filosófica de Ingenieros, 
que requeriría un libro entero. Pero antes de 
hacer una exposición crítica de sus Proposicio- 
nes relativas al porvenir de la filosofía, que es, 
sin duda, una clave sintética de todo su pensa- 
miento pasado y en gestación, creemos oportuno 
hacer una breve reseña de los principales jalo- 
nes de su obra, iniciada casi en la adolescencia 
y representada por unos veinte tomos al llegar 
a los cuarenta años de edad. 



* * 



Ha contado él mismo su carrera intelectual, 
en las pocas palabras que hemos transcripto. 
Empezó publicando estudios de medicina men- 
tal y ciencias sociales, se especializó luego en 
psicología, acabando por consagrarse especial- 
mente a estudios de ética y filosofía. Los lec- 
tores que no se fijan en las fechas de sus obras 
suponen que Ingenieros ha escrito al mismo 
tiempo sobre asuntos muy distintos y eso les 



JOS£ INGENIEROS 



21 



hace temer las consecuencias de una dispersión 
de su labor; lo contrario es, sin embargo, la 
verdad. Todas sus obras de medicina mental 
pertenecen a su primera juventud; les siguen 
las de psicología ; solamente en los últimos años 
se ha especializado con particularidad en los 
estudios de los problemas filosóficos y morales. 
Basta fijarse un momento para notar que ha 
seguido la misma evolución intelectual que Wil- 
liam James (i). 

Sus libros de médico alienista fueron los que 
hicieron conocer su nombre en Europa y Amé- 

m Del libro Argentines of to-day. publicado bajo los 
auspicios de la Híspanle Society de Nueva York toma- 
mos los siguientes datos sobre su carrera Antes de los 
veinte años publicó algunos ensayos de sociología y 
antropología criminal ; se graduó en medicina en la 
Universidad de Buenos Aires, en 1900, consagrándose _a 
estudios de patología nerviosa y mental. El mismo ano 
fué nombrado director del servicio de Observación de 
Alienados- en 1902 y en 1903 dictó cursos libres de 
n^uropatologlS en la Facultad de Medicina; en 1904 
obtuvo por concurso la cátedra de Psicología Experi- 
mental en la Universidad. En 1905 representó a la 
República Argentina en el Quinto Congreso Interna- 
cional de Psicología, celebrado en Roma siendo nom- 
brado presidente de la 4. a Sección. En 190o y 1906 vi- 
sitó las Universidades europeas dando conferencias cien- 
tíficas muv apreciadas. En 1907 fundó en Buenos Ai- 
fes el Instituto de Criminología. En 1909 fué electo 
presidente de la Sociedad Médica Argentina y en 1910 
presidente de la Sociedad de Psicología. De 191x a 
191-1, — diez años después de ser profesor en su univer- 
sidad,— fué estudiante de ciencias naturales en las 
universidades de Lausana y Heidelberg, para completar 
sus estudios científicos y dedicarse a la filosofía. Ln 
1915 fundó en la Universidad de Buenos Aires el ■ be- 
minario de Filosofía". El mismo año fué especialmente 
invitado por la Fundación Carnegie para asistir al Con- 
greso Científico de Washington (1916). En 1918 fué 
nombrado Académico de la Facultad de Filosofía de 
Buenos Aires, presentando con tal motivo sus Propo- 
siciones", obra sumamente discutida y dirigida a trans- 
formar la filosofía. 

"Ingenieros es profesor honorario de varias univer- 
sidades extranjeras miembro honorario o corresponsal 
de una treintena de academias y asociaciones científi- 
cas, y ha colaborado en más de sesenta revistas eu- 
ropeas." 



22 JULIO ENDÁBA 

rica, mucho antes de que Ingenieros tuviera 
treinta años. Los principales se titulan "La psi- 
copatologia en el arte" (1902), "La Simulación 
de la locura" (1903), "Histeria y Sugestión" 
(1904), "Patología del lenguaje musical' 
(1906), "Criminología" (1908), "La Locura 
en la Argentina", etc. 

Dada la especial contracción de Ingenieros a 
los estudios médicos, era natural que consagra- 
ra sus primeros trabajos al estudio de la Psi- 
quiatría y la Sociología. Fruto de ello fueron 
"La Simulación en la lucha por la vida" y 'la 
"Simulación de la locura", dos partes de una 
misma obra que el autor presentó como tesis 
para el grado de doctor en Medicina. Son, ade- 
más, numerosos sus trabajos de la misma na- 
turaleza, publicados en diversas revistas de am- 
bos mundos, y algunos reunidos más tarde en el 
libro "La psicopatología en el arte". El libro 
"Histeria y Sugestión", muy conocido en los 
círculos médicos, es el fruto de sus labores al 
lado del magnífico talento que fué Ramos Me- 
jía. En él se exponen historias clínicas de gran 
interés, por su originalidad misma, como por la 
novedad de la interpretación científica. Aunque 
algunos lectores ajenos a esos estudios podrían 
sorprenderse de algunas de ellas, el medio en 
que fueron estudiadas es garantía más que su- 
ficiente de su exactitud. 

Sus estudios sobre la "Patología del Lengua- 
je Musical", publicados en París, llamaron la 
atención, por su novedad y originalidad, entre 
los teóricos más prestigiosos de Europa y Amé- 
rica. 

La "Criminología", a raíz de su publicación, 
conquistó los aplausos de los entendidos; en se- 



JOSÉ INGENIEBOS 23 

guida se aprovecharon muchas de las ideas ex- 
puestas para citarlas y hasta ampliarlas en los 
tratados destinados casi especialmente a fines 
didácticos. La clasificación de los delincuentes, 
desde antaño uno -de los problemas de más di- 
fícil solución dentro de los estudios criminoló- 
gicos, ha sido casi resuelta mediante los esque- 
mas de Ingenieros : es claro que en lo futuro 
dicha clasificación podrá estar expuesta a re- 
formas, pero en la actualidad, y desde su punto 
de vista psicológico, es la que más carácter cien- 
tífico revela. 

A menudo han sido comentados los informes 
periciales que publicara en los "Archivos de 
Psiquiatría. Criminología y Medicina Legal" de 
Buenos Aires, y en otras revistas, y no son raras 
las ocasiones en que han servido como modelos, 
cuando ha sido dable observar casos semejantes 
a los estudiados por él. 

La característica de sus libros, considerados 
desde un punto de vista amplio, es la ausencia 
de exclusivismos, tan difíciles de evitar en los 
estudios científicos. De igual manera, debe 
anotarse la severidad crítica del escritor argen- 
tino, que, a veces, puede parecer exagerada a 
quien esté poco acostumbrado a discutir presti- 
gios. Esta desconfianza del criterio extraño, 
que también se encuentra en las demás obras 
de Ingenieros, se origina, (probablemente, en su 
ardiente deseo de dar forma a un criterio per- 
sonal. Acepta los datos europeos, para luego 
aplicarlos al estudio del medio propio, pero no 
sin antes adaptarlos a las particularidades con- 
tinentales y nacionales. 

Hay que admirar, además, en él, al escritor 
elegante, que en muchas ocasiones ha cincelado 



24 JULIO ENDAEA 

páginas de un refinado gusto artístico. En sus 
libros "La psicopatología en el arte" y "Cróni- 
cas de viaje" (i), el lector encuentra a cada paso 
modelos de elegancia y buen decir. Más de uno 
repetirá textualmente, por ejemplo, esos párrafos 
luminosos, aromados de gracia, que dedicara a 
las manos de Eleonora Duse. En estos libros, 
animados por una sutil ironía, aparecen como 
disecados muchos de los prestigios europeos, 
que se nos ha acostumbrado a mirar con aureo- 
la de gloria. 

¿Qué decir de "El hombre mediocre", uná- 
nimemente aplaudido por diversos públicos? 
Es cierto que no han faltado quienes lo criti- 
quen con acritud. Pero cuantos lo han leído 
sin apasionamiento, y a riesgo de encontrarse, 
parcialmente siquiera, retratados en esas pági- 
nas, convendrán en que ese libro es algo más 
que un amargo análisis; aunque en apariencia 
con tendencias críticas, ofrece un nuevo de- 
rrotero para el sentido moral de los hombres. 
"El hombre mediocre", a mi juicio, puede com- 
pararse a uno de los medios de "diagnóstico" 
que a menudo se emplean en medicina. . . No 
es posible recorrer esas páginas sin sentirse 
icuché en algunas de las interioridades, sin 
sentir la necesidad de apreciar como erróneas 
muchas de nuestras ideas. Con frecuencia ha- 
brá una sensación de bochorno, de íntimo fra- 
caso, porque se aprenderá a conocer los rasgos 
inconfundibles de la mediocridad. Pero si a la 
par que se siente el dolor, se trata de modificar 
el espíritu defectuoso, también en esas páginas 



(1) En el segundo están refundidos "Al margen d« 
la ciencia" y "Viaje por Italia." 



JOSÉ IXGENIEIiOS 25 

que enseñan la verdad se encontrará indicado 
el remedio, remedio heroico a veces, pero que 
será indispensable aceptarlo si se desea la re- 
forma. Es, en suma, un verdadero libro de 
moral idealista, cuyo complemento doctrinario 
encontramos más tarde en "Hacia una moral 
sin dogmas", en que define los límites de una 
moral independiente, a la manera de los moder- 
nos moralistas laicos. 



* * 



Sus "Principios de Psicología" no podrán ser 
omitidos por ningún profesor consciente de su 
deber, cuando exponga los aspectos generales 
en el estudio de esta ciencia. Si los tratados de 
psicología especial son abundantes, y algunos de 
primera necesidad, no ocurre así con los que 
tratan de los problemas generales, donde sólo 
se debe estudiar la esencia misma de la psico- 
logía y el conjunto de sus aplicaciones a las 
demás ciencias; y la obra de Ingenieros, en 
el concepto de los especialistas en la mate- 
ria, es una de las más completas y sobre todo 
tiene el mérito de su amplitud de criterio, que 
permite formular conclusiones que en los tex- 
tos corrientes, por su naturaleza misma, no pue- 
den ser previstas. 

La obra, como lo expresa el prefacio, es una 
Introducción al estudio de la psicología. Exa- 
mina la formación natural de las funciones psí- 
quicas en la evolución de las especies vivientes, 
en la evolución de las sociedades humanas y en 
la evo 1 uc:ón de los individuos. Sus resultados 
más generales permiten plantear un sistema de 
psicología genética, constituido por la psicología 



26 JULIO EX DABA 

comparada (filogenética), la psicología social 
(sociogenética) y la psicología individual (onto- 
genética). Ingenieros concibe la psicología como 
una ciencia natural, concordante con las hipóte- 
sis más generales de las ciencias biológicas; 
aplica a sus problemas el método genético, lle- 
gando a resultados que permiten formular al- 
gunas leyes generales de la psicología y unifi- 
carlas en sistema. Su libro pretende llenar ese 
objeto con claridad inequívoca. "Ningún sistema 
merece tal nombre si hay contradicción en sus 
partes o falta de unidad en su conjunto: las hi- 
pótesis particulares deben cimentarse recíproca- 
mente, dentro de una coordinación original. En 
nuestro bosquejo sistemático de la psicogenia se 
articulan rigurosamente tres hipótesis funda- 
mentales : la formación natura! de la materia 
vira, la formación natural de la personalidad 
consciente y la formación natural de la función 
de pensar. Ellas se refieren a los tres problemas 
esenciales de la psicología biológica: procura- 
mos resolverlos en oposición al vitalismo y la 
generación espontánea, a la conciencia epifeno- 
ménica o creadora, y al racionalismo intelec- 
tualista" Al considerar la psicología como una 
ciencia biológica, Ingenieros no restringe sus 
dominios ; ei método genético, aplicado al estu- 
dio de las disciplinas filosóficas y sociales, per- 
mitirá reconstruir íla formación de la lógica, la 
moral, la estética, la sociología, el derecho, etc., 
y estudiarlas como ciencias naturales sustenta- 
das por la psicología, (i). 

Con esta obra, producto de los cursos pro- 
fesorales de 1907 a 1910 en la Universidad de 



(1) Principios de psicología, 6. 8 ediciOn, Buenos Ai- 
ree, 1919.— Pág. 8. 



JOSÉ INGENIEROS 27 

Buenos Aires, se define la consagración de In- 
genieros a los estudios de filosofía. Cerrado el 
ciclo de sus investigaciones científicas, muestra 
desde esa fecha una preocupación sostenida por 
más altos ¡problemas; y aun cuando vuelve a 
tratar temas científicos o históricos, como en su 
estudio sobre "Ameghino" o en "La evolución 
de las ideas argentinas", el filósofo no deja 
nunca de contralorear la obra del científico, 
buscando en todas las cuestiones su aspecto más 
general o más profundo. 

Es natural que quien, como Ingenieros, ha 
laborado como fino psicólogo, ha de estar ca- 
pacitado para la crítica más precisa. Si no es 
raro que un escritor dotado de varia ilustra- 
ción acierte en sus apreciaciones críticas, ¿cómo 
no aceptar que el cultor de la psicología puede 
adquirir la máxima aptitud para esos trabajos? 
Y si el psicólogo ha actuado como tal en la prác- 
tica, en la cátedra y en el libro, es lógica su 
perspicacia en la generalidad de los casos. Su 
libro consagrado a Ameghino — por desgracia 
aún no conocido suficientemente en nuestra 
América, — bastaría para que se admiraran sus 
facultades críticas, si desde antiguo no fueran 
conocidas. La obra citada tiene, además, el in- 
menso valor de demostrar la energía de la cien- 
cia americana, que, pese a las vulgares sonri- 
sas irónicas, acabará por adquirir la autoridad 
que en la actualidad le regatean los mezquinos 
intereses de cuantos suponen que el criterio sólo 
puede aceptarse cuando es de procedencia eu- 
ropea o estadounidense . . . 

Todo el saber y el talento de Ingenieros se 
ha concentrado últimamente en el examen y 
comentario de los fenómenos históricos, y en 



28 JULIO ENDABA 

particular los de su patria, pero llevando a ellos 
un concepto verdaderamente filosófico y socio- 
lógico. Los dos tomos que lleva publicados, re- 
lativos a la "Evolución de las ideas argentinas", 
son el resultado de un esfuerzo magno (i). 
Leyéndolos no se sabe si admirar más al histo- 
riador, al sociólogo, o al psicólogo puro. Vale 
mejor considerar la personalidad de Ingenie- 
ros en toda su complejidad, sin hacer distingos 
entre las partes que la componen. En último 
término, admiramos su criterio^ científico, y 
quien dice en la actualidad científico, dice las 
múltiples relaciones de las disciplinas particu- 
lares que cultiva el entendimiento humano, co- 
mo preparación para encontrar la verdad filo- 
sófica. Y aunque es probable que ésta no lle- 
gue a ser fijada con límites precisos, por lo 
mismo que evoluciona paralelamente a las cam- 
biantes aspiraciones de la inteligencia, en todo 
tiempo se admirará a quien mayores relaciones 
estudia. Igual que para cada uno de los libros 
de Ingenieros, que demandarían un estudio es- 
pecial, "La evolución de las ideas argentinas", 
si se tratara de estudiarla en particular, no se- 
ría seguramente, la que menores esfuerzos de- 
mande. No en vano parece ser el fruto de su 
madurez intelectual. 

No terminaré estas líneas previas al estudio 
de sus "Proposiciones relativas al porvenir de 
la filosofía", sin citar el magno trabajo que se 
ha impuesto con la publicación de la "Revista 
de Filosofía" (2), campo adonde convergen en 



(1) La obra completa consta de tres grandes volú- 
menes: La Revolución, La Restauración y La Organi- 
zación. 

(2) Se publica desde 1915. 



JOSÉ INGENIEBOS 29 

la actualidad las actividades de los mejores ta- 
lentos americanos, de todos los que se preocu- 
pan por la cultura general, tan necesaria y al 
mismo tiempo tan deficiente en las naciones de 
habla castellana. Sólo en la Argentina, donde 
no ha tomado esa cultura un tinte local, puede 
publicarse una enciclopedia ideológica como la 
"Revista de Filosofía". Y ella se debe al parti- 
cular entusiasmo de Ingenieros. ¿Qué mejor 
medio podía escoger para el estímulo y la pro- 
pagación de una cultura verdaderamente supe- 
rior? 



Concepto de la ciencia y de la filosofía 

Es tiempo ya de hablar de Ingenieros y de 
sus opiniones filosóficas. 

Por los antecedentes que tenemos en cuenta, 
demasiado fácil es suponer que no vamos a en- 
contrar en este autor la fácil y antigua origina- 
lidad, puramente formalista o verbal. Educado 
en la continua disciplina de las ciencias, tal como 
él lo relata, se inclina hacia conclusiones que son, 
ante todo, el fruto de muchos años de experien- 
cia y meditación. 

En el estado actual de la ciencia y de los sis- 
temas filosóficos, como generalmente se los com- 
prende, hay una verdadera confusión de con- 
ceptos. Más que nunca, los limites de cada uno 
se confunden, hasta el punto de iniciarse discu- 
isones sobre problemas anticuados, que, por lo 
tanto, no debieran volver sobre el tapete. 

Aunque en el fondo no hay motivo para tal 
confusión, desde que el progreso de las cien- 
cias ha permitido precisar los conceptos de 
ciencia y de filosofía, el heoho, si bien paradojal, 
tiene su explicación. Al contrario de lo que 
sucedía en tiempos pasados, cuando se conside- 
raba a ambos como términos fijos de una anti- 
nomia, ahora no es posible mantener ese dua- 
lismo, pues la filosofía no puede ser racional 
si no parte de los datos experienciales. Las 
hipótesis metafísicas, por más que parezcan 



32 JULIO ENDABA 

desligadas en absoluto de la ciencia, se encuen- 
tran determinadas en su origen por el criterio 
de ella. La confusión no se encuentra, pues, en 
el problema mismo, sino en aquellos que quie- 
ren interpretarlo y explicarlo mediante unos 
cuantos datos científicos que no guardan entre sí 
orden ni relación alguna, lo cual les permite 
jugar con ellos hábilmente, sacando como conse- 
cuencia paradojas y contradicciones que en rea- 
lidad no existen. Estos pseudo científicos, que 
cultivan un diletiantismo de baja estofa, no po- 
seen verdadero criterio científico ni filosófico; 
carecen de la disciplina metódica y del amplio 
talento deductivo necesario para la interpreta- 
ción de los hechos; de ahí la confusión de con- 
ceptos, verdadera red logomáquica, que simula 
contradicciones y fracasos allí donde no hay si- 
no charlatanismo e ignorancia. 

El problema de las relaciones entre la cien- 
cia y la filosofía fué planteado con claridad por 
Ingenieros en el capítulo que sirve de introduc- 
ción a sus "Principios de psicología", desde 
1910. Más tarde, en 1916, volvió sobre el tema, 
en su trabajo "La universidad del Porvenir", 
leído en el Congreso Científico de Washington. 
Por fin, en 1918, dio una expresión definitiva a' 
su (pensamiento, en sus "Proposiciones", sepa- 
rando lo que es experiencial y pertenece a las 
ciencias, de la que es inexperiencial y pertenece 
a la metafísica, reservando a ésta exclusiva- 
mente el rango superior de filosofía. 

Decía, ya, en el primero de los trabajos men- 
cionados. (1) : 

"El desarrollo progresivo de la experiencia 



(1) Principios de Psicología. (Sexta edición, 1909. 
Buenos Aires). Págs. 16 y 17. 



JOSÉ INGENIEROS 



ha modificado en el curso de los siglos la inter- 
pretación metafísica de lo desconocido. La li- 
mitación forzosa de las ciencias primitivas fué 
causa del predominio de la imaginación sobre la 
experiencia en las primeras concepciones filosó- 
ficas, esencialmente míticas o religiosas; mu^ 
tarde, la porción creciente de la experiencia fué 
subordinando en .proporción idéntica la parte 
de la imaginación, corrigiéndose las hipótesis de 
la metafísica en armonía con los resultados de 
las ciencias ; en nuestros días, el conocimiento del 
universo va entrando más y más en los dominios 
de la experiencia actual o posible, a punto de 
abarcar las ciencias muchos de los problemas 
que antes fueron patrimonio exclusivo de la fi- 
losofía. Así ha surgido la posibilidad de una 
"filosofía científica". No es, sin embargo, una 
ciencia de las ciencias o una filosofía de las 
ciencias, como suele afirmarse: es una verdadera 
metafísica de la experiencia. Xo puede ser un 
sistema fijo; está en formación continua, como 
las diversas experiencias en cuyas leyes se fun- 
da—Fácil es advertir que la palabra metafísica 
adquiere en estas condiciones un valor nuevo, 
distinto siempre y con frecuencia antagónico 
del que le atribuyeran Jos filósofos clásicos. Em- 
pezaremos, pues, diciendo que es posible con- 
cebir la constitución de la filosofía científica co- 
mo un sistema de hipótesis legítimas, concordan- 
tes con los resultados generales de la experien- 
cia, que se propone explicar los problemas que 
permanecen fuera de la experiencia" . 

Tal concepción de la metafísica, a nuestro pa- 
recer es la más conforme con las actuales as- 
piraciones de precisión. No de otro modo pue- 
de concebirla quien esté habituado a sujetarse al 



34 JULIO ENDABA 

influjo de principios científicos claramente de- 
mostrados. 

Conviene hacer notar que Ingenieros insiste 
en que "las ciencias son sistemas de verdades 
cada vez menos imperfectos", oponiéndose a 
toda noción de conocimientos absolutos, dada la 
relatividad forzosa del saber humano. Consi- 
dera que, siendo variantes los elementos de nues- 
tra experiencia, y sus relaciones, toda ley enun- 
cia una constancia en los hechos y es una 
expresión perfectible de relatividades funciona- 
les. La noción de principios absolutos e inva- 
riantes es absurda y no merece llamarse hombre 
de ciencia quien padezca esas supersticiones 
trascendentales de ios antiguos teólogos y meta- 
físicos; los que desean o temen que las ciencias 
fijen dogmas nuevos en reemplazo de los viejos, 
demuestran no haber estudiado ciencia alguna 
y no estar capacitados para su estudio. Los 
métodos, en fin, no son cánones eternos, sino 
hipótesis económicas de investigación, inducidas 
de la experiencia misma; conducen a resultados 
rectificables que constituyen conocimientos re- 
lativos, presumiéndose ilimitada su posible per- 
fección. Debe inferirse de ello que no existen 
ciencias terminadas; es tan ilógico creer que 
ellas han resuelto los infinitos enigmas 'de la 
naturaleza, como suponer que puede entenderse 
alguno sin estudiar previamente las ciencias que 
con él se relacionan. En suma, "cada ciencia es 
un sistema expresable por ecuaciones funciona- 
les cuyos elementos variantes son hipótesis que 
sirven de andamiaje al conocimiento de una 
parte de lo real; el valor de cada hipótesis no 
es relativo a ningún principio invariante, sino 
al de otras hipótesis, siendo cada una función 
de las demás. En alguna futura teoría funcio- 



JOSÉ INGENIEROS 35 

nal del conocimiento podrán concebirse las mis- 
mas hipótesis metafísicas como complejas ecua- 
ciones funcionales, cuya variancia inexperiencial 
esté condicionada por las variancias experien- 
ciales, correlacionables todas en un sistema 
infinitamente perfectible". En .suma, ciencia y 
filosofía, en perpetuo perfeccionamiento e inte- 
gración, formarían, según Ingenieros, dos do- 
minios diferentes pero harmonizables, relativo 
el uno a lo que puede ser objeto de experiencia 
y el otro a lo que permanece inexperiencia!. 






Hay en nuestros días, sin embargo, dos con- 
cepciones opuestas acerca de las relaciones en- 
tre la filosofía y las ciencias. La una, que cuen- 
ta entre sus sostenedores al admirado escritor 
es-pañol Ortega y Gasset, considera que la filo- 
sofía debe estar absolutamente desligada de to- 
do fundamento científico, porque, según su opi- 
nión, si ella tiene en cuenta los datos metódica- 
mente precisados por la investigación, tiene que 
subordinarse y perecer, por fuerza, dependiendo 
de esos principios científicos. Y el noble estu- 
dio de la filosofía, su abolengo, su esencia, no 
pueden consentir semejante rebajamiento si no 
es a riesgo de perder todo lo que ha hecho de 
ella la más alta disciplina mental. "Las diver- 
sas ciencias de que se tiene noticia, estudian la 
vida con un método propio, y todas creen tener 
en su mano la verdad. Pero todas arrancan de 
un supuesto dado, lo mismo que el pastor afirma 
sus pies en la montaña que nunca vio girar. Es- 
te supuesto, por dado y por supuesto, no lo pue- 
den estudiar ellas mismas; constituye su base. 



36 JUU.0 EXDARA 

Sin embargo, cabe la posibilidad de que esa base 
sea falsa. ¿Estamos seguros de que todo lo que 
vemos existe tal cual. Otra ciencia, pues, debe 
estudiar ese principio. Será esta una ciencia que 
alirme sus pies en otro continente, y no tendrá 
por lo tanto, supuestos para nosotros. Estudia- 
rá el problema de la verdad, de la verdad an- 
gular, de que deben derivarse las verdades par- 
ticulares. — Esta ciencia primera es la filosofía. 
Atenderá fundamentalmente la verdad, sin apo- 
yarse en ninguno de los datos que comunican 
las demás ciencias, porque esto sería aceptar un 
supuesto" (i). 

La filosofía, desde este punto de vista, no acep- 
ta, pues, los datos que le proporcionan las cien- 
cias experimentales. 

El razonamiento no es muevo. Muchos filóso- 
fos antiguos y modernos lo han usado larga 
tnami, como un argumento suficientemente sóli- 
do y capaz de mantener una autonomía de la 
especulación filosófica. Spencer mismo, a pesar 
de sus conatos de experimentalismo, en gran 
parte apreciables, al hacer la distinción entre 
la verdad absoluta y la verdad relativa, afirma- 
ba: es forzoso reconocer que no puede estable- 
cerse ninguna verdad relativa, en tanto no se ha- 
yan formulado separadamente las verdades abso- 
lutas (2). Sólo que, tratándose de ciencias, no 
podemos admitir esta clasificación de finalidad. 
La verdad absoluta, propia de una investigación 
especulativa, no puede caer ni caerá nunca bajo 
el dominio de la ciencia, pues esta significa me- 



cí) Bibliografía sobre "Las lecciones de filosofía, dt 
Ortega y Gasset." por José Gabriel, en la Revieta de 
Filosofí a , de Buenos Aires, marzo de 1917. 

(2) H. Spencer: "Fundamentos d# la moral", trad. 
de García del Mazo, Madrid, 1881. 



JOSÉ INGENIEROS 37 

todos y los métodos son aplicables a lo percep- 
tible. La filosofía, o más bien digamos, la me- 
tafísica, no es una verdadera ciencia. Porque 
no puede reconocer leyes ni principios reales, 
ni puede llegar tampoco al conocimento de ver- 
dades reales por medios puramente especulati- 
vos. En vano se debatirá entre sus inmensos 
anhelos, porque lo "absoluto" no es experien- 
cial ni ideal (i). 

La metafísica tendrá que modificarse incesan- 
temente. Y ello, porque, quiéranlo o no quienes 
ansian su autonomía, necesitará, si quiere armo- 
nía y seriedad, conocer los resultados de la ex- 
periencia para lanzarse, como bien lo cree Inge- 
nieros, a la construcción de hipótesis inexperien- 
ciales ; de otro modo, el progreso de la metafí- 
sica sería imposible. Apenas podría presentar, 
la de tiempos pasados, el bello aspecto de un ara- 
besco de ideologías ingeniosas. Es una falacia 
verbal aquello de suponerse que hace falta el 
fundamento de principios absolutos, a los que 
quiere llegar cierta metafísica, para la investiga- 
ción científica. La verdad, más que verdad an- 
gular, es una aspiración del espíritu humano, 
un anhelo que resulta de la organización psi- 
cológica individual, y de ninguna manera una 
construcción terminada e imperfectible. No po- 
demos, por lo tanto, considerarla sino como un 
producto humano, que puede realizarse y se rea- 
liza en la práctica científica, siendo imposible., 
por lo tanto, independizarla de ella, y menos 
abrir entre una y otra un foso infranqueable. 

De ahí que la filosofía no puede aislarse de 
una manera absoluta de la ciencia. Su mismo 



(1) Ingenieros: "Proposiciones". ver Proposición 
décima. 



38 JULIO EXDABA 

carácter evolutivo y perfectible la determina a 
tener en cuenta los principios y hechos, explica- 
dos y descubiertos por la investigación. Y aun- 
que la filosofía de Cousin no se ajustó, ni mu- 
cho menos, a este criterio, bien merecen recor- 
darse estas (palabras suyas: "Unir l'observation 
et la raison, ne pas iperdre de vue l'ideal de la 
Science auquel l'homme aspire, et le chercher et 
le trouver par la route de l'experience, tel est 
le probleme de la Philosophie (i). 

En su trabajo »de 1916, sobre "La Universidad 
del Porvenir" (2), Ingenieros abordó el tema 
desde el punto de vista de sus aplicaciones prác- 
ticas a la reforma de la enseñanza universitaria, 
sosteniendo la necesidad de coordinar los estu- 
dios superiores es.peciales de manera que favo- 
rezcan la elaboración de grandes hipótesis gene- 
rales. Pero, en realidad, su pensamiento alcan- 
za toda su integridad en las "Proposiciones", 
del año 19 18. 

Consecuente con la manera de interpretar la 
Filosofía, que se adquiere cuando no sólo se ha 
fantaseado sobre los principios científicos, sino 
que se los ha estudiado y practicado, Ingenieros 
cree "que la metafísica es el único género filo- 
sófico que no puede convertirse en ciencia y que 
constituye strictu sensu toda la filosofía; el ver- 
dadero objeto de la filosofía es formular hipó- 
tesis legítimas acerca de los problemas que ex- 
ceden a la experiencia. Filósofo es aquel que 
plantea o renueva los problemas meta físicos, 
aquel que formula o coordina hipótesis legíti- 



(1) V. Cousin: "Du vraie, du beau et du bien", Pa- 
rís. 1854. pásr. 20. 

(2) Ingenieros: "La Universidad del Porvenir", se- 
rrín, la edición, publicada pnr el Ateneo del Centro de 
Estudiantes de Medicina, Buenos Aires, 1920. 



JOSÉ INGENIEROS 39 

mas ipara resolverías" (i). Esta es la legítima 
manera de considerar a la Filosofía, manera no 
creada solamente, ni sostenida por unos cuan- 
tos filósofos, sino nacida de los resultados del 
conocimiento moderno. No es el fruto de una 
escuela, no es la concepción de varios indivi- 
duos; al contrario, es una resultante del saber 
acumuladlo en el transcurso de los siglos. Se 
debe aceptarla porque es la vida misma. Sólo 
aquellos que se interesan, con miras dudosas, 
por ocultar el (problema entre los cortinajes en- 
vejecidos del sofisma — y a quienes corresponde 
la hipocresía de los filósofos estudiada por In- 
genieros — pueden aun discutir los resultados de 
la experiencia y desear la separación absoluta 
entre la filosofía y la ciencia. 

Sin embargo, por ilógica que parezca esta 
tendencia, tiene su razón de ser. En filosofía, 
lo mismo que en política, aunque aparentemen- 
te se declama en nombre de ideales nobles y 
desinteresados, de hecho hay un como resurgi- 
miento del individualismo acomodaticio. Las di- 
ficultades sociales son tan inmensas y la lucha 
por la vida tan urgente, que para llegar a la 
supervivencia, pudiéramos decir, se utiliza esta 
simulación de ignorancia, como gran recurso 
para el surgimiento de la personalidad. De 
ahí que se puedan reconocer, bajo los colore- 
tes y ropajes imaginarios, viejas disputas que 
los antiguos filósofos abandonaron, por insos- 
tenibles y absurdas. De ahí que ahora se enta- 
blen discusiones sobre criterios primitivos, como 
queriendo borrar cuanto se ha fantaseado sobre 
ellos en épocas memorables. Este ataque sor- 



(1) Ineenieros: "Propoaicior.es", pág. 16 (segunda 
edición, ] 



10 JULIO ES DABA 

presivo hace que muchos, creyéndolos de buena 
fe, y desprovistos de seria preparación, lo acep- 
ten y amenacen con sus alharacas producir 
la confusión de conceptos. Pero felizmente, mu- 
chas de las verdades adquiridas nada tienen de 
fantasmagóricas y, por lo mismo, no serán ven- 
cidas con exorcismos. Antes bien, en su camino 
de perfeccionamiento, irán adquiriendo fuerzas 
y luminosidad, al mismo tiempo que desemba- 
razándose de unos cuantos residuos místicos, to- 
davía inevitables. Los ingeniosos sofismas de 
que se valen los modernos contradictores de la 
ciencia están fundados en argumentos que ya no 
tienen razón de ser. Atacan principalmente las 
premisas del positivismo del siglo XIX. ya en 
desuso, y combatiéndolas, se figuran propinar 
duros golpes a la ciencia. Y de ahí sacan las 
deducciones relativas a la posible independen- 
cia de algunas disciplinas filosóficas, hoy con- 
vertidas en ciencias. 

Las cinco llamadas proposiciones dogmáticas, 
que critica, por ejemplo, el bergsonismo, son 
las siguientes: i.° La ciencia es el conocimiento 
de la realidad, por medio de la medida, de la 
experiencia y de la observación, es decir que 
las matemáticas, aplicadas a la sensación que el 
mundo nos envía, nos permiten descubrir las 
leyes del universo. 2. a No hay más conocimien- 
to verdadero que el obtenido por los métodos 
anteriormente dichos. 3. La Lógica, la Etica, 
la Estética, son partes de la Psicología, las par- 
tes que estudian como el hombre piensa, como 
quiere, como siente. 4. a La Psicología es una 
ciencia positiva y verdadera desde que aplica 
los métodos de experimentación y observación 
(psicofisiológico) y desde el momento en que se 



JOSÉ INGENIEROS 41 

científicos. Y es que si bien, en el fondo, algunos 
somete a la medida (psico-física). 5. Todo 
supuesto conocimiento filosófico o metafisico 
es una fantasía más o- menos bella, ya que no 
se usa de la medida, de la experimentación y 
de la observación". (1). 

Alrededor de estos puntos se libra el comba- 
te en la actualidad, sin embargo de que un aná- 
lisis crítico severo no puede admitir en toda su 
extensión que esos sean los únicos postulados 
científicos. Y es que si bien, en el fondo, algunos 
de ellos son invocados por los partidarios de la 
investigación, se los comenta y expone con exa- 
geraciones que los hacen aparecer absurdos. 
Quien tenga una regular preparación científica 
puede saber que no es sólo el concepto del nú- 
mero lo que buscan las ciencias ; las propiedades 
de la materia viva y su manera de desenvolver- 
se, tienen hoy, por ejemplo, más interés filosó- 
fico que cualquier otro objetivo científico. 

Además, la aplicación de los métodos no pue- 
de ser suprimida. Su fuerza y su prestigio no 
permiten imperativos dogmáticos ni serán re- 
emplazados por otros. Contra los deseos de sus 
enemigos, ello no ha sucedido, ni probablemente 
sucederá, pues los actuales métodos, mediante 
los cuales se llega al conocimiento de muchas 
leyes y principios que rigen la naturaleza, son 
más fuertes de lo que parecen, aunque se vayan 
perfeccionando sus detalles. En vano los siste- 
mas moderaos contrarios a la verdad científica. 
cuyo tipo es el intuicionismo bersogniano. se de- 
bate y quiere afirmarse en principios hipotéticos 



(1) Manuel G. Morenté : "La filosofía de Henri Berg- 
son." (Publicaciones de la Residencia de Estudiantes), 
págs.38 y 39. 



42 JULIO ENDABA 

— alma, conciencia — para atacar el valor de los 
datos experimentales. En oposición a la inteli- 
gencia, que se sirve de los métodos citados para 
llegar a la verdad, la intuición, que pudiera lla- 
marse instinto de lo absoluto, aparece con ca- 
racteres extraños. "La intuición filosófica pe- 
netra en lo vital, aprehende el aliento del espí- 
ritu y engendra un conocimiento, no total, pero 
sí directo y absoluto de la vida". "Lo absoluto, 
no significa todo lo real, sino lo real — mucho y 
poco, sin afeites ni velos que lo encubran". Y, 
sin embargo de su diferencia esencial de método 
y objeto, la intuición, según su creador, ha de 
ser explicada por metáforas tomadas de la rea- 
lidad. Lo cual no es otra cosa que la aplicación 
evidente de los mismos métodos combatidos : 
observación, experimentación, etc. En resu- 
men, el intuicionismo admite la clasificación de 
las dos verdades: absoluta (del dominio de la 
filosofía) y relativa (del dominio de la ciencia), 
igual que el númeno y el fenómeno Kantiano, 
e igual que todas las filosofías que han creado 'la 
oposición entre el mundo externo y el interno. 
Por eso, observa con razón Ingenieros, que 
"(pertenecen al género místico los métodos que 
definen la intuición como una "facultad" que per- 
mite reconocer verdades por procedimientos 
ajenos a la razón y a la experiencia: pues cuan- 
do no se da a la intuición ese sentido, no difiere 
de la imaginación constructora que elabora hi- 
pótesis partiendo de la experiencia", (i). 



(1) "Sabido es que, en la actualidad, se usa 'la Da- 
labra intuición con una vaguedad que permite a cana 
intuicionista entenderla de una manera distinta; mu- 
chos polemistas suelen emplearla como sinónimo de 
"imaginación creadora" pero con la imprecisión necesa- 
ria para que los incautos la interpreten como una "adi- 
vinación mística'', que permite a los ignorantes creer 



JOSÉ INGENIEROS 43 



* 
* * 



En las primeras épocas de la organización de 
la cultura, se consideraba legítimamente incor- 
poradas en la filosofía ciertas disciplinas que 
hoy han tomado caracteres científicos suficientes 
para llegar a independizarse de ella. 

Esta disgregación de la filosofía, como la lla- 
ma Ingenieros, se inició en el siglo XVIII y se 
completó en el siglo XIX. Las ramas del dere- 
cho natural y la teodicea son ya ajenas a las 
disciplinas filosóficas. Ea lógica, la ética, la 
estética, derivadas de la Psicología, tienen su 
campo de acción en lo experiencial, utilizan mé- 
todos comunes, y también, por lo tanto, son inde- 
pendientes de la Metafísica; sólo los problemas 
no experienciales de las ciencias psicológicas 
tienden a ser relegados a la metafísica, aunque 
esta tendencia no es neta todavía (2). Muy 
acertada nos parece, a este propósito la censu- 
ra de Ingenieros para algunos modernos culti- 
vadores de la Metafísica, que la conciben como 
una casi exclusiva discusión de los problemas 
lógicos. El método genético, utilizable en el es- 
tudio de la Lógica, igual que en la Psicología, 
de donde deriva, le permite progresar conforme 
a los datos experienciales: su relación con ellos 
es tan estrecha, que muchos en nuestros días, 
quieren ya no considerarla como disciplina cien- 



que pueden saber más que los estudiosos, liste equí- 
voco es una forma de la consabida hipocresía." — Nota 
de José Ingenieros: "Proposiciones". pág\ 79. — Añádase 
a esto el significativo pedagógico de la intuición, entera- 
mente contrario al filosófico, y se tendrá una probabili- 
dad más de confusión cuando se trate de interpretar el 
significado de esa palabra. 

(2) "Proposiciones", pág - . 112. 



44 JULIO EIÍDABA 

tífica, más o menos independiente, sino como 
un simple capítulo de la Psicología. Para com- 
probar el carácter absolutamente psicológico de 
la Lógica, bastaría citar, por ejemplo, ese libro 
admirable y que va conociéndose y apreciándo- 
se mucho entre nosotros, la "Lógica viva", de 
Yaz Ferreira. Xo es posible, por eso, concebir- 
la independizada de las leyes biológicas. Y ba- 
sándose en ello. Eugenio D'Ors, uno de los ti- 
pos de pensador con que se onorgullece la época 
actual, ha examinado en sus detalles, el orga- 
nismo funcional de la lógica, acabando por for- 
mular concepciones rigurosamente cienltíficas. 
Transcribo a continuación esta síntesis (publica- 
da por Enrique Jardi : 

"Trabajando en la constitución científica de 
la Lógica, Eugenio D'Ors ha aportado a la so- 
lución de los indicados problemas una hipótesis 
sólida y rigurosamente establecida que nos pa- 
rece inatacable. Partiendo de la teoría clara y 
definitiva de Avenarías, según la cual todo 
problema representa para el ser vivo una situa- 
ción de desequilibrio entre sus fuerzas intelec- 
tuales y las circunstancias exteriores, e inscri- 
biendo a esta teoría una noción biológica, que 
Avenarius no pudo emplear, la de la instabili- 
dad constante, que caracteriza, por definición, 
la vida, resulta teniendo sobre todo en cuenta 
que esa instabilidad es exagerada en los centros 
nerviosos superiores donde se producen las de- 
tenciones de reflujo que nos dan la definición 
fisiológica de la conciencia, que la menor exci- 
tación procedente del exterior destruiría seme- 
jante equilibrio, destruyendo con ello la vida, si 
el individuo no contase entre sus fuerzas pro- 
pias la de neutralizar aquella excitación, la de 



JOSÉ INGENIEROS 45 

volverla de tóxica en inocua, incorporándola a 
su equilibrio en los conflictos futuros. De mo- 
do que, según Ors, este proceso en nada difiere 
del proceso general defensivo de la vida, y que 
por tanto, la teoría de la descomposición dias- 
tásica y de la inmunidad consecuente, forman 
una síntesis en que entran no sólo los fenóme- 
nos biológicos, sino también los fenómenos in- 
telectuales, 

"En resumen, la razón representa frente a la 
toxicidad de las excitaciones nerviosas en que 
interviene la conciencia, lo que representa la 
descomposición diastásica en los fenómenos de 
alimentación y de infección, o sea un procedi- 
miento de defensa, que es inmediatamente un 
proceso de descomposición y remotamente a ve- 
ces un proceso de inmunidad. En este sentido, 
la lógica representa con relación a las sobredi- 
chas excitaciones tóxicas, lo que en puro len- 
guaje biológico, se llama una inmunidad adqui- 
rida. La razón es, pues, energéticamente una 
diastasa ; la lógica, una inmunidad. Esto demos- 
trado, ya no puede verse en la actividad racio- 
nal humana otra cosa que una de las manifes- 
taciones de la vida ; así la esencia de aquella se- 
rá un caso particular de la esencia de ésta: la 
Lógica podrá valerse de los métodos y de la 
síntesis de la Biología. Así también, conside- 
rada la actividad racional como fenómeno vital, 
y consecuentemente, antropológico, sino huma- 
nista, en el sentido de que el hombre, conocien- 
do genéticamente su propia razón, su ciencia, 
no puede ya hallarse esclavo de ellas, sino que 
en frente de ellas, su espíritu conserva una po- 
sición de libertad, de superior ironía, no rin- 



46 JULIO EXDABA 

diéndose jamás ame la ley lógica, porque sabe 
que 'la ley lógica, es hija de su espíritu", (i). 

Así va perdiendo la lógica su antigua inmu- 
tabilidad, como lo explicara ya claramente In- 
genieros en el sintético estudio sobre "la forma- 
ción natural de la función de pensar", capítulo 
de sus "Principios de psicología". De ahí que 
muy profundamente Ingenieros afirme que las 
ciencias psicológicas estudian los diversos as- 
pectos de la formación natural de la experien- 
cia : experiencia lógica, experiencia moral, expe- 
riencia estética, cada una de las cuales consti- 
tuye una ciencia en particular, cuyo principal 
punto de apoyo, para su progreso, es el método 
genético. Donde más clara se ve la utilidad de 
dicho método es en su estudio especial de Psico- 
logía. El le ha permitido la eliminación del 
farragoso capítulo de las facultades derivadas 
de un alma de naturaleza distinta del cuerpo. 
Y ha facilitado el estudio simultáneo del orga- 
nismo y sus manifestaciones psíquicas, propias 
de los animales y sujetas a un ciclo de evolu- 
ción concorde con la de la materia viva. Por 
fin, la psicología considera la inteligencia como 
un producto del funcionalismo orgánico, sujeto 



(1) Enrique Jardi : La Filosofía de Eugenio D'Ors.— 
"Boletín de Instrucción Pública" — de Buenos Aires — To- 
mo XVIII. — Núm. 25. septiembre de 1914. — Fundamen- 
tándose en esta concepción evolutiva de la Lógica, es 
como llega D'Ors a la teoría de la razón fundamental, 
centro de sus especulaciones metafísicas aún no tan co- 
nocidas como merecen. 

Por difícil que parezca a la comprensión, su análisis 
de la lógica afirma la necesidad que hay de referirse a 
los datos científicos, como primera providencia para lle- 
gar al campo de lo inexperiencia}. 

Y semejante concepción es un contraste sorprendente 
con la antigua lógica, esencialmente dogmática e ina- 
movible de sus posiciones, que quiso imponer con pres- 
tigio de autoridad no pocos principios falsos, o por lo 
menos, apriorísticos. 



JOSÉ INGENIEROS 47 

por lo tanto a las variaciones y progresiones 
que le impone el tiempo. De ahí que tanto la 
experiencia estética como la moral, hayan ad- 
quirido una movilidad inusitada, y compatible 
con un perfeccionamiento indefinido. 

Cuando este criterio se acepte, desaparecerá 
la antinomia entre ciencias naturales y mora- 
les, pues que la propia denominación de estas 
últimas es : ciencias psicológicas, tan naturales 
como las primeras. Por esto se pregunta Inge- 
nieros: "¿Qué será de los "principios" tradicio- 
nales de la Etica cuando se acepte que las ver- 
dades morales no difieren de las demás ver- 
dades naturales? La objeción, que inquieta a 
muchos, parte de esta hipótesis falsa: la inva- 
riabilidad de los principios de una moral única. 
Creo que la sustitución de esa hipótesis ilegíti- 
ma por otras, más conformes con la experien- 
cia moral de las sociedades humanas, resolverá 
el inquietante problema, y nadie ignora que la 
casi totalidad de los moralistas contemporáneos 
concuerda en concebir como sociales, variables 
y múltiples, los fundamentos de la obligación y 
la sanción, que en otra época fueron considera- 
dos puramente ontológicos o racionales". 

Una vez que se llegue a comprender y a acep- 
tar la independencia de las ciencias psicológicas 
de la filosofía, que propiamente se reducirá a 
la Metafísica, se aclararán los verdaderos pro- 
blemas en discusión. La Metafísica, según In- 
genieros, "ganará en amplitud y precisión, cons- 
tituida en toda la filosofía, comenzando a ela- 
borar sus hipótesis en el punto mismo en que 
' todas las ciencias fijen (en cada momento y 
provisoriamente) los límites de su horizonte 
experiencial. Y no habrá dos verdades ^ontra- 



48 JULIO EXOARA 

dictorias, ni verdades peligrosas, ni verdades 
sacrificadas, ni verdades perfectibles de la ex- 
periencia opuestas a las verdades absolutas del 
dogma o de la razón, sino un sistema armónico 
compuesto de leyes perfectibles y de hipótesis 
legítimas, incesantemente renovadas" (i). Y 
una vez metodizado asi el estudio de la metafísi- 
ca, acaso sea posible ahorrar disputas estériles, 
las cuales, antes que sacar conclusión alguna, 
mantienen estacionario el progreso de la filoso- 
fía, en beneficio de unos cuantos intereses 
creados. 

Y ahora, examinemos las "Proposiciones re- 
lativas al porvenir de la filosofía", (1918), que 
sintetizan el pensamiento actual de Ingenieros 
y que contienen, sin duda, los elementos cardi- 
nales de lo que aún pueda producir sobre filo- 
sofía. 



(1) "PrcpO9t«i0B«", pá'f. 119, 



La filosofía de Ingenieros 

A fines de 1917 Ingenieros fué electo miem- 
bro de la Academia de Filosofía y Letras, de 
la Universidad de Buenos Aires. El 8 de junio 
de 19 18 presentó a la misma, como discurso de 
recepción, sus "Proposiciones relativas al por- 
venir de la filosofía". No debieron parecer muy 
ortodoxas a sus respetables colegas; se encon- 
traron, dificultades formulistas y no tuvo lugar 
la ceremonia pública de la recepción. Se le 
consideró más tarde incorporado de hecho, sin 
pasar el mal trago de escuchar la lectura de un 
trabajo que empezaba hablando de la ''hipocre- 
sía ¡de los filósofos" y acababa diciendo que "to- 
do tiempo futuro será mejor". 

Creemos que esta obra debería llevar por tí- 
tulo Los fundamentos de la metafísica futura, 
pues, en realidad, trata de esta cuestión. Se com- 
pone de diez proposiciones (1), desarrolladas 
en otros tantos capítulos escritos con escrupu- 
loso afán de orden y claridad. 

Después de analizar las causas de orden mo- 
ral y social que hicieron fracasar al Renaci- 



(1) La primera edición (1918) sólo tiene al fin los 
resúmenes bastante imperfectos de cada capítulo. La 
segunda edición (1919) tiene las diez proposiciones, for- 
muladas en forma concreta y sintética; además cada 
capítulo está precedido por un breve sumario, que fa- 
cilita mucho la lectura. Nos hemos servido, para esta 
crítica, de la segunda, que es muy superior. 



50 .JULIO E.XDARA 

miento,, en materia filosófica. Itigenieros estu- 
dia la crisis filosófica del siglo XIX y conside- 
ra que en él fracasó la metafísica; acusa de ello 
por igual al positivismo científico, que renunció 
a estudiar los problemas ajenos a la experiencia, 
y al espiritualismo, porque sólo se ocupa de res- 
luarar las teorías de la vieja metafísica hereda- 
da de la Edad Media. 

Ingenieros cree posible la renovación de la 
metafísica, llamando así al estudio de los pro- 
blemas que llama "inexperienciales", por creer- 
los inaccesibles a las ciencia^. Pero afirma que 
para obtener resultados "legítimos" será necesa- 
rio renovar los problemas y los métodos de la 
metafísica, renunciando a todo lo que sea hipo- 
cresía o mentira convencional, renovando el ac- 
tual lenguaje filosófico y dando una nueva ar- 
quitectura a todas las "ciencias morales" en sus 
relaciones con la metafísica. 

Tan arduo objetivo no podía dejar de pre- 
sentar sus dificultades, que señalaremos en el 
curso de las páginas siguientes, en que haremos 
seguir una breve crítica al resumen de cada 
proposición. Y, como es natural, más de una 
vez expresaremos las dificultades que nos pa- 
recen presentarse en el proyecto de perfilar las 
bases de una metafísica que no es sólo diferen- 
te, sino la antítesis, en cierto modo, de la que 
corre hace muchos siglos con ese nombre y en- 
cuentra aún en nuestra época personas, y no de 
poca autoridad, dispuestas a resucitarla. 

PROPOSICIÓN PRIMERA 

La hipocresía de los filósofos. — "El Renaci- 
miento filosófico se detuvo en indecisos balbu- 



JOSÉ INGENIEROS 51 

:olástica y el dogmatismo so- 
cial impidieron la renovación legítima de las hi- 
pótesis metafísicas, en los sistemas filosóficos 
que sustituyeron a las teologías medioevales. 
l,a hipocresía de los filósofos, destinada a con- 
ciliar sus opiniones propias con las creencias 
vulgares, apareció con la teoría de las dos ver- 
dades, representada en la actualidad por la con- 
cepción de dos filosofías distintas, una de la 
Naturaleza y otra del Espíritu". 

Aunque en la mayor parte del razonamiento 
que antecede a esta conclusión, Ingenieros ano- 
ta abundantes hechos de innegable verosimili- 
tud, nos parece que concede muy poca impor- 
tancia a la ignorancia de los filósofos ; presenta 
las doctrinas de é¿ros como una actitud de con- 
veniencia, es decir, como una inmoralidad deli- 
berada. Creemos que si se han de notar los fe- 
nómenos y aspectos sociales de una época dada, 
en lógica correlación con sus filósofos, durante 
la crisis filosófica del Renacimiento el presti- 
gio de la Ciencia no era lo suficientemente fuer- 
te para luchar con ventaja contra la corriente 
dogmática, de carácter religioso, que dominaba 
entonces. Muchos de los principios, cuyo cono- 
cimiento es ahora imposible eludir, estaban en 
esbozo o aún no aparecían. Mal podían, por lo 
tanto, imponerse a quienes se juzgaban cientí- 
ficos sólo por su habilidosa dialéctica. El as- 
pecto vacilante de esos datos experienciales ca- 
recía de la fuerza suficiente para facilitar si: 
estudio, y esos filósofos, recelosos por tempe- 
ramento y costumbre, no podían aceptar la im- 
posición de verdades a medias, que aún conser- 
vaban, por eso mismo, demasiados ribetes hipo- 
icos. Y como aún dentro de los cultivadores 



52 JULIO ENDAEA 

de la ciencia, era notable la resistencia ante he- 
chos y leyes nuevas, ya por el natural dogma- 
tismo de lo aceptado, ya por la falta de 
tendencias hacia la metodización sistemática, 
muy natural resultaba que los simples filósofos 
se resistieran a reverenciarlos o por lo menos 
ignoraran los estudios científicos recientes, y lo 
que es peor aún, no los acogieran con la fe nece- 
saria para fundamentar sobre ellos sus disqui- 
siciones. Por otra parte, la caparazón matemá- 
tica que generalizó demasiado la idea de medi- 
ciones infalibles aplicadas a los datos de la ex- 
periencia, se convirtió, por su mismo carácter 
dogmático, en una valla a veces insalvable para 
algunos filósofos. Tan cierto es ello, que aún 
en nuestros días — hemos tratado de esto más 
arriba, — la gran razón de muchos para no 
aceptar los principios científicos es ese supuesto 
dogmatismo pitagórico, felizmente en desuso, 
como actitud extrema. La hipocresía de los 
filósofos, que tan fuertes censuras merece de 
Ingenieros, creo que en buena parte podría sus- 
tituirse por la ignorancia de los filósofos, sobre 
todo a raíz de la crisis metafísica. 

En cambio, los que en la actualidad quieren 
independizar la filosofía de la ciencia, o subor- 
dinar ésta a aquélla, o combatir la última va- 
liéndose de sus mismos principios, pero consi- 
derados parcialmente y bien encubiertos bajo 
una máscara de dogmatismo; todos los que re- 
piten las hueras exclamaciones de Brunetiere, 
cuyo criterio político y de creyente le quita toda 
respetabilidad, como recurso para resistir al 
fracaso de esa que tan ingeniosamente llama 
Ingenieros la paleo-metafísica; todos ellos, re- 
pito, sí merecen ser clasificados entre los cul- 



JOSÉ INGENIEROS 53 

tores de la hipocresía de los filósofos. Y es 
que hoy por hoy resulta imposible disculpar a 
cuantos cultivan la filosofía, del desconocimiento 
de las verdades científicas; los medios edito- 
riales, la obra de universidades e instituciones 
ad hoc, sociedades sabias, etc., proporcionan con 
facilidad, a cuantos desean estudiar seriamen- 
te, los medios de investigación y los resultados 
de ella. Ahora sólo se es ignorante a sabiendas 
y por exclusiva intención, o por simulación — 
caso de la hipocresía de los filósofos, — o por 
incapacidad. Por esto nos parece cierta la afir- 
mación de Ingenieros : "En sus expresiones más 
recientes, la hipocresía clásica se traduce por la 
concepción de dos filosofías dentro de la filo- 
sofía; a la una el dogmatismo social concede la 
libertad de investigar la verdad; pero a la otra 
le reserva el privilegio de negar las consecuen- 
cias ético-sociales de esa investigación. Tomad 
los centones de filosofía del pasado siglo — na- 
turalistas o idealistas, positivistas o místicos — 
y leeréis en casi todos ellos que existen una fi- 
losofía de la Naturaleza y otra del Espíritu: dos 
verdades distintas y la consabida hipocresía 
verdadera", (i). 

PROPOSICIÓN SEGUNDA 

La crisis filosófica del siglo XIX. — "La cri- 
sis filosófica del siglo XIX fué debida a que la 
investigación de la verdad engendró hipótesis 
peligrosas para ciertos dogmas morales. El po- 
sitivismo llegó a plantearse como un deliberado 



(1) Ingenieros: "Proposiciones", págs. 22 



54 JULIO EXDABA 

renunciamiento a toda explicación de lo inexpe- 
riencial e indujo a confundir las hipótesis me- 
tafísicas con las científicas. El esplritualismo 
ha reaparecido como una exaltación de lo afec- 
tivo-ético contra lo lógico-crítico, y en vez de 
superar el ciclo del racionalismo, ha regresado 
a las fuentes ilegítimas que lo precedieron en 
las teologías medioevales". 

El razonamiento con que Ingenieros afirma 
esta proposición, lo juzgamos cierto en gran 
parte. En efecto, la continua lucha entre la fi- 
losofía y los dogmas religiosos y morales, ya 
antiguos, hizo que la gran labor de quienes se 
ocupaban de esos problemas, se redujera a la 
discusión de primacías o al conato de armonías 
entre los partidos contrarios. Y como la época 
aún conservaba demasiada rigidez conceptual, 
con facilidad triunfaban, por lo menos en apa- 
riencia, las conclusiones teológicas de rancio 
abolengo. El siglo XIX, precisamente, no pu- 
do distinguirse por la comprensión irónica que 
caracteriza al presente. De ahí que los soit-di- 
sant metafísicos, procuraran cultivar la paleo- 
r.ietafísica (denominación admirable que ha en- 
contrado Ingenieros para las tentativas de re- 
nuevo de las viejas discusiones filosóficas), que 
por su misma imprecisión ha dejado siempre 
amplio terreno para el ejercicio sofístico, en vez 
de estudiar los nuevos resultados de la expe- 
riencia científica, para renovar el planteamien- 
to de los problemas en forma legítima, es decir, 
desprovista de todo carácter ilógico. 

Por otra parte, contribuyó a la crisis de la 
metafísica la exageración de los cultores de las 
ciencias, que en el ardor de la polémica, con- 
fundieron las verdadera filosofía con los dog- 



JOSÉ INGENIEROS 55 

mas teológicos. Tenían horror a esa "metafísi- 
ca que se convirtió en una disciplina muerta, 
en una doctrina erística de supersticiones y le- 
yendas, imposibles de reanimar con sutiles dis- 
quisiciones literarias, siempre estériles por su 
valor constructivo, aunque a veces atrayentes 
por su argucia polémica". Y con razón, seme- 
jante retorcerse infecundo hizo creer en tía 
muerte de la filosofía. Aún hoy, cuando se ha- 
bla de Metafísica, sentimos un evidente temor 
de descubrir sepulcros llenos de polvo y quedar 
cegados para proseguir por el camino de la in- 
vestigación ; creemos que la metafísica actual, 
si de tal modo puede llamarse, no está de nin- 
guna manera independizada de los viejos pre- 
juicios y ese fantasma vano nos hace confiar 
más en los resultados científicos, convencidos 
de que sólo ellos nos darán los materiales para 
buscar la verdad. 

De ahí que sorprenda un tanto, a primera 
vista, la esperanza de Ingenieros — tan acostum- 
brados estamos al fracaso de la metafísica — de 
una próxima renovación de la Metafísica. Los 
datos científicos aumentan y aumentarán tanto, 
que sólo un cerebro genial podrá guardar el res- 
peto necesario ante ellos y dedicarse al inmenso 
trabajo de estudiarlos y al milagroso entusias- 
mo de considerarlos en su verdadero valor, pa- 
ra plantear en seguida hipótesis metafísicas le- 
gítimas. Cierto que creemos que la metafísica del 
porvenir tendrá los caracteres que señala Inge- 
nieros, pero recelamos se llegue al ansiado final 
en el próximo siglo, porque mientras más ur- 
gentes y decisivas aparezcan las conclusiones 
científicas, más rabiosa será la resistencia del 
dogmatismo social — el gran culpable — por des- 



56 



Jl-LIO E y DABA 



gracia todavía muy fuerte. Los intereses crea- 
dos, que señala el autor de las Proposiciones 
como una causa de la crisis metafísica, lo serán 
también de la imposibilidad de una pronta re- 
novación de la misma. Pero ante las conquis- 
tas de los nuevos rumbos sociales, en medio de 
las que sobresalen las recientes instituciones po- 
líticas, se ve que los intereses personales, de ca- 
rácter proteico, surgen y se imponen cuando 
menos se piensa y menos se espera. El dogma- 
tismo es el dragón de siete cabezas, que tal vez 
los orientales quisieron simbolizar en sus cuen- 
tos de amor y aventuras. Sólo que la realidad 
parece más temible que la ficción y la alegoría. 
En suma, recapitulando, cinco causas han de- 
terminado la crisis filosófica del siglo XIX: 
La persistencia de la mentalidad feudal en la 
sociedad moderna ; la hipocresía de los filóso- 
fos ; la subordinación de las hipótesis metafísi- 
cas a los principios de la ética, no renovados 
todavía; la singular paradoja de llamarse metafí- 
sicos los que se proponen impedir la elaboración 
de nuevas hipótesis metafísicas y de repudiar 
esa denominación los que siguen construyéndo- 
las ; la confusión entre la historia de los siste- 
mas pasados y la construcción de nuevos siste- 
mas". Y añadiríamos, la exagerada posición 
despectiva de los científicos ante toda discipli- 
na filosófica etiquetada con el nombre de me- 
tafísica, (i). 



(1) Con todo lo defectuosa y errónea que resulta la 
metafísica actual, los científicos, y en general los que 
aspiran y tienen fe de un próximo resurgimiento purifi- 
cativo de ella, deben acogerla con bondad y hasta con 
cierta simpatía, porque en las obras actuales ya se en- 
cuentran — y lo reconoce Ingenieros — los gérmenes que 
más tarde sf-ran las bases de la futura metafísica. 



JOSÉ INGENIEROS 57 

PROPOSICIÓN TERCERA 

Hermenéutica y Paleo-Metafísica. — "La me- 
tafísica, como elaboración creadora de hipóte- 
sis nuevas, no debe ser confundida con la his- 
toriología filosófica: la hermenéutica es una 
pako-metafísica de las hipótesis elaboradas so- 
bre experiencias más incompletas que las actua- 
les. Se puede admirar el ingenio de los gran- 
des filósofos clásicos y demostrar que sólo 
tienen un valor histórico para la reconstrucción 
genealógica de las hipótesis metafísicas. El 
ejemplo de su esfuerzo merece imitarse; no pa- 
ra glosarlos, sino para intentar, en este siglo, 
y sobre la experiencia de este siglo, lo que ellos 
intentaron sobre la del propio (i). 

A la proposición que antecede, explícita en 
todos sus puntos, creo que ninguna persona 
sensata podrá oponer objeciones. Y digo sen- 
sata, porque en todo tiempo — y por lo tanto 
•también en nuestros días — ha sido muy difundi- 
da la falacia "ideoverbal" que confunde el va- 
lor histórico de lo antiguo con su valor intrín- 
seco, es decir, con relación a los conocimientos 
más recientes. Si se trata de buscar la génesis 
de semejante error, se encuentra en la eterna 
lucha entre lo viejo y lo nuevo. Mientras el 
hombre, en la época de su "desenvolvimiento", 
está más apto y más sereno para discutir cual- 
quier problema, el viejo, en pleno período de "in- 
volución", vuelve a las creencias y errores infan- 
tiles, sustentándolas como descubrimientos y 



(1) Ob. cit., p.lgr. 136. 



JULIO E.XIURA 



conclusiones de inmenso valor (i). De ahí que 
en todas las disciplinas mentales y especialmen- 
te en las filosóficas, se hayan confundido estos 
dos conceptos distintos: metafísica y paleo-me- 
tafísica. Conscientes o no de sus afirmaciones, 
muchos de los llamados filósofos han resucita- 
do viejas hipótesis, en su totalidad rechazadas 
por la ciencia, entretejiendo a su alrededor las 
confusas mallas del sofisma. Por tal motivo no 
ha sido posible fundamentar el estudio de la 
metafísica sobre hipótesis legítimas. La admi- 
ración por lo antiguo, para muchos se convir- 
tió en culto y sujeción. De esta manera los 
dogmas y prejuicios de la filosofía antigua, han 
persistido hasta originar la crisis de la filosofía, 
caracterizada por la aparición de escuelas sos- 
tenedoras de conclusiones exageradas, en gran 
parte, tal como las antiguas. 

Xo es posible que el valor histórico de un he- 
cho, que antes que otra cosa, sirve como adver- 
tencia para no remozar errores, tome un ca- 
rácter que de ninguna manera posee. Porque 
si se exceptúan algunas manifestaciones artísti- 
cas y sociales cuya perfección es innegable, los 



(1) Ingenieros, en sus "Principios de Psicología" es- 
tudia admirablemente las distintas etapas de la perso- 
nalidad humana: organización, perfeccionamiento e in- 
volución, cada una de las cuales tiene edad de predilec- 
ción donde fijarse. A sus fundamentos científicos exac- 
tos, sólo cabe añadir el concepto de la edad mental y 
de la edad cronológica, que han servido de amplio campo 
para los estudios psicológicos experimentales de Binet y 
Yerkes Bridges. Ampliando sus conclusiones, puede ver- 
se perfectamente, cuando de interpretar el valor de la 
historia se trata, la característica disociación que algu- 
nos estudiosos presentan, cuando consideran las cosas se- 
gún un criterio senil, por mas que se encuentren crono- 
lógicamente disfrutando de una florida juventud. Bien 
hacen los americanos (véase la admirable pieza dramá- 
tica de E. Brieux "Les Americains chez Nous", estrenada 
hace poco) al calcular la edad por las capacidades y no 
por lo» «no». . . 



JOSÉ INGENIEROS 59 

productos de los siglos pasados sólo sirven para 
la "formación natural de la experiencia 5 '. Urge 
combatir las senectudes criteriológicas tan pre- 
dominantes en los campos históricos y filosó- 
ficos. 

"Es justo que se admiren las obras de los 
grandes ingenios, pero ello no obliga a suponer 
que supieron lo que era imposible saber en su 
tiempo. No confundamos la admiración retros- 
pectiva con la adhesión actual; seamos genero- 
sos de la primera y avaros de la segunda, pues 
admirar lo pasado no significa castrar lo veni- 
dero. 

"Sonriamos de buen grado ante algunas filo- 
sofías que, como los antros de los oráculos an- 
tiguos, sólo tienen de maravilloso su obscuridad ; 
celebremos el ingenio de los que pretendieron 
despejar ciertas incógnitas, pero confesemos 
que crearon otras mayores con el pretexto de 
aclarar las primeras". 

De lo anterior deduce Ingenieros, con justa 
razón, que el estudio de la historia de la filoso- 
fía enseñará a defenderse de falsos problemas, 
hipótesis ilegitimas y capciosos ergotismos. Sa- 
bias palabras nos parecen las siguientes : "La 
historia nos permite descubrir la genealogía de 
\as hipótesis metafísicas, desde sus vagas ex- 
presiones primitivas hasta las concordantes con 
la experiencia (i). Por eso es útil el estudio 
de historia de la filosofía: tanto como el de la 
paleontología para los naturalistas, pues el co- 



(1) "La concepción que los filósofos griegos tu- 
vieron del átomo, de la primera causa, de la fuerza 
vital, de la energía, se parece tanto a la actual como 
el carbón al diamante." — Nota de Ingeniero». "Proposi- 
ciones", pág. 37, 



60 JULIO ElfDAKA 

nocimicnto de las formas extinguidas es át va- 
lor inestimable para comprender el origen de las 
que aún viven. Las actuales hipótesis son 
transformaciones de otras que han evoluciona- 
do y seguirán evolucionando, sujetas a la se- 
lección natural, en el ambiente que les forma la 
experiencia científica; ese estudio permite re- 
conocer, al mismo tiempo, que ciertas hipótesis 
llevan camino de extinguirse, como esos paqui- 
dermos y reptiles que suelen llamarse "fósiles 
sobrevivientes". 

Gustando de éstas que para muchos serán 
atrevidas conclusiones, recuerdo la anécdota 
que Anatole France refiere en uno de sus li- 
bros. Cierto emperador de un ,país lejano, quiso 
gobernar su reino con el más alto criterio de 
justicia. Para llegar a ese fin, creyó que nada 
le sería de tanta utilidad como la lectura de la 
historia humana, y al efecto encargó escribirla 
a un conjunto de sabios. Transcurridos trein- 
ta años, condujeron ante el monarca muchísi- 
mos camellos cargados de centenares de volú- 
menes, todos referentes a la historia de la 
humanidad. Pero el rey, aterrorizado por el 
sinnúmero de volúmenes, les pidió que compen- 
diaran. Pasados diez años, trajeron sólo dos 
camellos cargados de volúmenes. Tampoco esta 
vez el rey se sintió con fuerzas suficientes para 
emprender su lectura y les pidió una historia 
más compendiada aún. Cinco años más 'trans- 
currieron hasta la conclusión de la obra, que 
entonces constó de cincuenta volúmenes. El 
rey, ya viejo, no pudo atreverse a leerla, y man- 
dó se la resumieran más todavía. A los dos 
años, un sabio de su reino cumplió con la or- 
den, sintetizando la tan deseada historia en un 



JOSÉ INGENIEROS 61 

volumen. Pero al llegar al palacio con el ob- 
jeto de entregarlo, supo que el monarca se en- 
contraba agonizante. Conducido a su presencia, 
el rey le dijo : 

— Como ves, estoy al borde del sepulcro y es 
imposible que yo lea tu libro. Ojalá sintetices 
tu historia en pocas palabras, porque no quisie- 
ra morir sin conocer la historia de la huma- 
nidad. 

— Serás satisfecho, señor — dijo el sabio. — 
La vida de los hombres, según todos los docu- 
mentos que se han podido encontrar, se reduce 
a esto: nacieron, sufrieron y murieron... 

Y en seguida, el rey, admirable gobernante, 
expiró. 

No creo que Ingenieros llegue en sus libros 
al sutil desprecio de la historia como el mo- 
derno epicureista francés, porque no lanza con- 
sideraciones sobre el valor de la historia gene- 
ral. Al contrario, en su crítica sobre el valor 
de la historia de la filosofía, llega a una con- 
clusión contraria : la gran utilidad de su estudio. 
Lo que sí distingo es un tono de aquella misma 
sutil ironía, que no es otra cosa que la completa 
comprensión. 



PROPOSICIÓN CUARTA 

Perennidad de lo inexperiencia!. — "Siendo 
los objetos experienciales infinitamente varia- 
bles en el tiempo y en el espacio, la perfectibi- 
lidad de la experiencia humana nunca llega a 
excluir la perennidad de lo inexp crien cial. La 
infinita posibilidad de problemas que excedan 
la experiencia, implica la perennidad de explí- 



62 JULIO EXDARA 

caciones hipotéticas inexperienciales que consti- 
tuyan una metafísica, incesantemente variable y 
perfectible". 

Ingenieros, antes de llegar a esta conclusión, 
formula tocias las interrogantes relativas al por- 
venir de la metafísica. "¿ Morirá el único géne- 
ro filosófico que no puede convertirse en cien- 
cia ?" "¿Es de temer que el adelanto de las 
ciencias suprima la metafísica, o que ésta vuel- 
va a ser siervo, de la teología, o que pase a serlo 
de la ética, o que se restrinja a los problemas 
lógicos, o que sea absorbida por la psicología, 
o que, en fin, se fosilice en los arquetipos clá- 
sicos, amortajándose en la historia de la filoso- 
fía?" Y en todas estas razones encuentra, con 
razón, un carácter ilegítimo, porque no es posi- 
ble negar a la metafísica, como a ninguna otra 
disciplina mental, posibilidades evolutivas. Cree 
en su perfectibilidad y en su perennidad, por- 
que por más que las ciencias adelanten, juní 
con la precisión de los métodos, siempre que- 
dará mucho desconocido. Ese desconocido será 
el imán espiritual que atraerá la curiosidad de 
los investigadores, y será relativamente accesi- 
ble mediante la metafísica. Será, eso sí, necesa- 
rio que los problemas se planteen de manera 
legítima, es decir, de conformidad con los da- 
tos de la experiencia, valiéndose, por lo mismo, 
de nuevos métodos. Tan claro es el razona- 
miento, que no podemos discutir su evidente 
posibilidad de realización. Sólo que Ingenieros 
cree que la importancia de la metafísica futura 
será muy grande. Y eso es lo dudoso. Por más 
que el renacimiento del pensamiento contempo- 
ráneo tienda a orientarse hacia la metafísica, se 
la nota como una aspiración aún vaga e indefi- 



o 



JOSÉ INGENIEROS 63 

nida. que carece de firmeza suficiente, de esa 
firmeza que da la fe. No en vano la ciencia ha 
sentado los grandes postulados que producen, 
en quienes los conocen, una vibración intensa., 
tanto que, en cierta manera, les imposibilita 
para la ecuánime aspiración metafísica. 

De ahí que crea yo que en futuras épocas, 
cuando las conclusiones científicas hayan avan- 
zado en progresión rápida, el respeto y la aco- 
gida que le brinden sus contemporáneos le qui- 
tarán a la metafísica mucho de esa solemnidad 
que le asignan sus cultores. Si de antemano se 
reconoce su imposibilidad para constituirse en 
ciencia, es muy natural que se desconfíe de sus 
resultados hipotéticos, pues por gran perfección 
que alcance, siempre se encontrará involucrada 
en su estudio una probable esterilidad de fines. 
De ahí que sus admiradores, no sin cierta pena, 
aseguren: "no cabe afirmar que la metafísica, 
tácita o confesada, sea ciencia, por más que sea 
necesaria. La ciencia dispone del mundo sensi- 
ble v de las inducciones hipotéticas legitimadas 
por la experiencia. La ciencia no nos acompa- 
ña sino hasta las últimas e insoluoles antino- 
mias, cuva síntesis no nos puede dar. Es en el 
dominio* de la metafísica donde se realizan las 
tentativas siempre renovadas para hallar la co- 
incide ntia opposiíorum. Se impone una separa- 
ción pulcra", (i). 

Se teme, pues, la incursión de la una en el 
campo de la otra, lo cual afirma que aún hoy 
estamos presenciando la crisis metafísica. Y si 
aún hoy los filósofos se apoyan en los datos 

(77 Alejandro Korn : "Las corrientes de la filosofía 
contemporánea-, en Revista de Filosofía, Buenos Aires, 
1917. 



64 JULIO ENDABA 

científicos para sus especulaciones, más tarde, 
cuando se reconozca, como cree Ingenieros, su 
carácter imprescindible, acaso la metafísica no 
tenga el majestuoso carácter tradicional y sea 
un refugio muy poco buscado. No es que crea- 
mos en su posible desaparición, ni mucho me- 
nos ; pero tememos adquiera el carácter de in- 
accesible, por la preparación que demandará. 
Queda, pues, entre paréntesis, este interrogan- 
te. La futura metafísica, ¿será muy cultivada? 
Y en caso de serlo, ¿ se la estudiará con la con- 
fianza necesaria, capaz de acelerar su perfeccio- 
namiento? 

Resumiendo nuestra manera de pensar: cree- 
mos, que, a pesar de la certeza contenida en las 
conclusiones de Ingenieros, el cultivo de la 
metafísica parece dudoso en el porvenir. Per- 
sistirá, eso sí, la aspiración ideal, nacida del 
progreso de la ciencia, de un conocimiento más 
profundo y más completo de las cosas, es decir, 
la "perennidad de un residuo inexperiencial 
fuera de lo experiencia?* \ Lo inexperiencial es 
relativo a la posibilidad humana de conocimien- 
to: "siendo ¡los objetos de experiencia infinita- 
mente variables en el tiempo y en el espacio, la 
perfectibilidad de la experiencia humana nunca 
llega a excluir la perennidad de un residuo in- 
experiencial". 

Del anterior razonamiento fácilmente se con- 
cluye que la metafísica, cualquiera que sea el 
entusiasmo con que se la cultive, tiene seguri- 
dades más que suficientes para persistir. Bien 
hace, pues, Ingenieros, al explicarla así: "la in- 
finita posibilidad de problemas que excedan a 
la experiencia humana implica la perennidad 



JOSÉ INGENIEROS 65 

de explicaciones hipotéticas que constituyan 
una metafísica." 

Ya afirmada su perennidad, y una vez que 
debe estar sujeta a la condicionalidad humana, 
no será invariable, sino que se perfeccionará pa- 
ralelamente al progreso científico. Y por este 
último carácter, Ingenieros afirma que la futu- 
ra metafísica, antes que nada, tendrá que con- 
siderar sólo los problemas legítimos, es decir, 
condicionados por la experiencia, y rechazar los 
ilegítimos, sin otro nexo con ella que no sea su 
antigua popularidad. Por eso, la "renovación 
filosófica será posible a condición de no bus- 
car un pacto entre las creencias vulgares en 
que no se cree y las verdades experienciales 
que no se puede negar". ¿Cuánto tiempo trans- 
currirá para llegar a semejante resultado? La 
experiencia relativa a la vitalidad de los dog- 
matismos hace temer que la época esperada se 
encuentra más lejos de lo que Ingenieros 
piensa. 

PROPOSICIÓN QUINTA 

Los problemas de la metafísica. — "Los clási- 
cos problemas de la Metafísica resultan en la 
actualidad inexactamente formulados; parece 
indudable que cada uno de ellos contiene otros 
problemas susceptibles de ser planteados en 
términos legítimos. La variación de los resul- 
tados de la experiencia modificará incesante- 
menite la legitimidad de los problemas inexpe- 
rienciales y de las hipótesis formuladas fpara 
explicarlos". 

Con motivo de haberse subordinado la Meta- 
física, en la Edad Media, a los dictados de la 
Teología y luego en el Renacimiento haber ira- 



66 JULIO ENDARA 

ternizado en cierto modo con las creencias y 
dogmatismos vulgares, se ha desvirtuado la 
finalidad de la Metafísica durante mucho tiem- 
po. "Antes de que 'la bautizaran, la Metafísica 
existía como disciplina independiente de las 
creencias vulgares ; era un esfuerzo encamina- 
do a substituir las absurdas explicaciones so- 
brenaturales por legítimas hipótesis raciona- 
les". En la actualidad, se hace, por lo mismo, 
difícil fijar sus límites, porque las vaguedades 
de discusión y lo impreciso y nada sistemático 
de sus conocimientos, son verdaderas arenas 
movedizas, sobre las cuales apenas se puede ca- 
minar. 



* * 



Sin embargo, esta misma indecisión parece 
que ha obligado a los amantes de la especula- 
ción filosófica a no limitarse a los tres grandes 
problemas de la metafísica clásica: Dios, la in- 
mortalidad del alma y la libertad, porque éstos, 
a pesar de tener probabilidades para existir, no 
están perfectamente planteados, 3' sobre todo, 
porque ellos derivan de concepciones apriorís- 
ticas, sin ninguna autoridad, por lo tanto, en 
el orden científico; son, según la frase de In- 
genieros, los problemas residuales de la esco- 
lástica medioeval. 

Y como, tácitamente, parte de los filósofos, y 
ampliamente otros, lo reconocen, el problema 
de Dios tiende a relegarse a la creencia reli- 
giosa. De ahí aue se quiere — p. e. Boutroux 
— una absoluta separación entre la Ciencia y la 
Religión. Es natural que a la Teología se re- 



JOSÉ INGENIEROS 67 

serve el encarar ese problema que carece de 
prolegómenos científicos. 

Igual tendencia se observa respecto a la in- 
mortaidad del alma, pues no en vano los pro- 
gresos de la ciencia biológica y, por lo tanto, 
de 'la psicología, estudiando la arquitectónica 
mental del individuo, se han .desembarazado de 
toda clase de dogmas religiosos. No pudien- 
do ya ser una hipótesis metafísica legitimable, 
queda como creencia mística. "Los que llaman 
Funciones a las Funciones y Organismos a los 
Organismos, ya no saben a que aplicar la pala- 
bra Alma. Una copiosa escuela psicológica ha 
inventado la noción del paralelismo psico-físi- 
co, invención equívoca que permite a algunos 
hablar del paralelismo entre los Organismos y 
las Funciones dejando que otros lo entiendan 
como paralelismo entre el cuerpo y el alma o la 
Materia y ei Espíritu. Es indudable que esta 
hipocresía ¡ de los psicológicos ha sido útil en 
cierto momento como forma de transición en- 
tre la psicología animista del pasado y la psi- 
cología biológica del porvenir. 

"El problema del origen de la vida tiende, en 
la actualidad, a explicarse mediante hipótesis 
de físico-química, consideradas como las menos 
ilegítimas. El problema de la morfogenia se 
considera puramente experiencial y no se dis- 
cute ya la variabilidad de las especies, sino las 
condiciones actuales de su variabilidad. El pro- 
blema clásico de la conciencia o de la distin- 
ción entre. el yo y el *,w-yo, se plantea como el 
de la formación de la personalidad consciente 
individual, por la acción combinada de la he- 
rencia y la educación. E c e problema contiene 
el de la formación natural del conocimiento y 



68 JULIO ENDABA 

todos los que se refieren a las condiciones de 
la experiencia", (i). 

Asimismo, por carecer de fundamentos legí- 
timos, el problema del libre albedrío, ligado a 
la aceptación de las causas primeras, desapare- 
ce también con rapidez del campo de la meta- 
física. Y como es cierto que quienes aún dis- 
cuten los tres problemas citados, no lo hacen 
sin un evidente pudor, en día no lejano acaba- 
rán los verdaderos filósofos por reconocer la 
esterilidad de semejantes ¡problemas, desde el 
punto de vista de la metafísica legítima. 

Esto no quiere decir que no se los pueda re- 
cordar sin provecho. Muy al contrario. Inge- 
nieros hace bien con interrogar: ¿Cuál era el 
contenido de los problemas clásicos? La res- 
puesta será el índice que indique la curva pro- 
gresiva que han seguido desde sus orígenes, 
determinada por el imperativo científico. 

Hay que señalar, para ello, los problemas "le- 
gítimos" que estaban contenidos en cada uno 
de los "ilegítimos". 

En el de Dios: problemas que exceden de las 
ciencias físico-matemáticas. 

En el de la inmortalidad del Alma: proble- 
mas que exceden de las ciencias biológicas y 
psicológicas. 



(1) Se puede decir que la evolución de la psicología, 
desde que tomó carácter científico y experiencial, consta 
de dos períodos. El primero : didáctico y esencialmente 
analítico, por lo cual nació el paralelismo psico-físico, in- 
terpretado con mucha insuficiencia ; y el segundo : bio- 
lógico, que considera la función y el órgano en conjunto, 
habiendo destruido el paralelismo antiguo ya, y sus 
equívocos, y tomado, en cambio, un carácter de incesante 
ampliación (es decir perfeccionamiento en todo sentido) 
y de ninguna manera el de progresión rectilínea, que ca- 
racteriza al primer período. 



JOSÉ INGENIEROS 69 

En el de la libertad: problemas que exceden 
de las ciencias físico-naturales y de la psico- 
logía. 

* 
* * 

Todos son problemas que no se pueden de- 
mostrar por la experiencia. Para su clara dis- 
tinción, Ingenieros propone denominar: pro- 
blemas cosmológicos, biológicos y psicológicos, 
a los científicos, y metacósmicos, metabiósicos 
y metapsíquicos a los que excedan de la expe- 
riencia, y corresponden, por lo tanto, a la Me- 
tafísica. 

Los metacósmicos: abarcan la totalidad de lo 
real y exceden a las ciencias fisicomatemáticas. 
Son más amplios que en la antigüedad porque 
se refieren a la substancia, cuantitativa y cuali- 
tativamente, y a la naturaleza en todos sus as- 
pectos experienciales. 

Los metabiósicos: "carecen de universali- 
dad" porque se relacionan con lo que se cono- 
ce de los fenómenos vitales y son: origen de 
la vida sobre nuestro planeta, posibilidad de 
ella en otros puntos del universo, constitución 
específica de la materialidad viva, finalidad de 
la vida. 

Los metapsíquicos se refieren a lo "inexpe- 
riencial en ciertos seres en quienes conocemos 
los fenómenos llamados psicológicos". Exce- 
den, pues, a la psicología y comprenden por lo 
tanto: problemas metalógicos, metamorales y 
metaestéticos. 

Para que todos estos problemas sean plan- 



70 JULIO EXDAEA 

teados legítimamente, es necesario conocer bien 
los resultados de la experiencia, no ,para que 
"la experiencia dictamine sobre la verdad de 
lo que se refiere a lo inexperiencial ; pero 
ella permite establecer la ilegitimidad de cier- 
res problemas". "La variación de los resulta- 
dos de la experiencia modifica la legitimidad 
de los problemas inexperienciales y la legitimi- 
dad de las hipótesis que pretendan explicarlos". 
Para esta manera de encarar los fundamentos de 
la nueva metafísica. Ingenieros toma como ejem- 
plo el problema del conocimiento. Es sabido que 
Berkeley y su escuela creen que el mundo fe- 
nomenal, que cae bajo la experiencia, es mera 
apariencia y que el mundo noumenal es el sólo 
verdadero, porque considera las cosas en sí, ac- 
cesibles a las ideas puras. Semejante afirma- 
ción no toma en cuenta un resultado expe- 
riencia!: antes de existir el hombre en la su- 
perficie de la tierra, el mundo fenomenal pudo 
ser conocido, como apariencia, por animales 
rute lo habitaran. Admitida la posibilidad de 
este dato experiencia!, el problema clásico de- 
bería variar y extenderse al conocimiento de 
todos los animales. Entonces serían legítimas 
estas preguntas: ¿lo fenomenal, antes de que el 
hombre existiese y lo pensara, era ya mera 
apariencia? ¿El sol y las rocas arcaicas fueron 
apariencia para otros seres, antes de serlo para 
el hombre? Y, en la inevitable afirmativa. 

' ería extender al "espíritu" de todos los ani- 
males la facultad de crear la única realidad 
mirada hasta hoy como un privilegio del "es- 
píritu" del hombre?... Por este razonamiento 
ingenieros demuestra que "la forma del pro- 
blema clásico (del conocimiento) es ilegítima 



JOSÉ INGENIEROS 71 

en cuanto limita a la experiencia y a la razón 
del hombre ciertos atributos que en diverso 
grado son comunes a todos los animales capa- 
ces de percepción y razonamiento". 

Si de igual manera se aplican los nuevos da- 
tos de la experiencia a los problemas de la me- 
tafísica clásica, sin reformar su planteamiento, 
es decir, sin deespoj arlos de sus envoltorios 
ilegítimos, todos presentarán un aspecto lamen- 
table, y por lo tanto incompatible con la digni- 
dad filosófica. De donde se deduce la rigu- 
rosa necesidad ¡de ipiantear los razonamientos 
metafísicos de conformidad con el adelanto 
científico, para que tomen carácter legítimo. 
De otro modo, se corre riesgo de quedarse en 
el terreno de la paleo-metafísica. 

De ahí que nos ,parezca perfecta la solución 
de Ingenieros relativa al citado problema : 
"¿La representación de lo que impresiona ac- 
tualmente nuestros sentidos, corresponde a la 
realidad? ¿En qué medida? ¿Que se opone a 
una progresiva correspondencia entre nuestras 
percepciones y la realidad?" Tales son las pre- 
guntas legítimas de la metafísica, exenta de 
esas abstracciones que. antes que facilitar el 
camino, lo interceptan a cada paso. 

PROPOSICIÓN SEXTA 

Metodología de ¡a Metafísica. — -"Donde no 
lleguen las hipótesis experienciales de las cien- 
cias, empezarán las hipótesis que la metafísica 
prolonga en lo inexperiencia!. Las hipótesis 
científicas subordinan su 'legitimidad a la posi- 
ble demostración de la experiencia; las hipóte- 
sis metafísicas, aspiran a una legitimidad lógi- 



72 JULIO EIÑDARA 

ca, y se presumen indemostrables por la expe- 
riencia. La legitimidad de las hipótesis inexpe- 
rienciales llegará a determinarse mediante 
normas que constituirán la Metodología de la 
Metafísica, como una verdadera lógica del sa- 
ber hipotético inexperiencial". 

No sería extraño que este término, Metodo- 
logía de la Metafísica, sorprendiera a muchos. 
¿Cómo, se dirán, es posible considerar las pau- 
tas que presupone un método, en asuntos in- 
experienciales. Los que tal duda alimenten, 
acaso por ligereza no toman en cuenta el valor 
lógico de los métodos y los conciben inaltera- 
bles y fijos, aunque en realidad son movibles y 
cambiantes. Y por lo mismo que la legítima 
metafísica debe apoyarse en los resultados cien- 
tíficos, para tomar vuelo hacia lo inexperien- 
cial, hace falta conocer las vías falsas y verda- 
deras para dicha finalidad, y evitar así posi- 
bles y lamentables errores. Recordando lo di- 
cho más arriba acerca de la variabilidad de las 
hipótesis metafísicas, carácter concorde con el 
movimiento científico progresivo, se puede con- 
cebir que los métodos metafísicos deben guar- 
dar perfecta armonía con esa variabilidad de 
las hipótesis incxperienciales. Por otra parte, 
vistos los continuos fracasos de la metafísica 
dogmática, los filósofos del porvenir recelarán 
construir sus edificios ideológicos sobre bases 
endebles; por lo cual, para evitar gastos inúti- 
les de energía y de tiempo, buscarán funda- 
mentos sólidos, y que ofrezcan, por lo mismo, 
garantías evidentes. 

Esta tendencia a recurrir al auxilio de las 
ciencias para la construcción de hipótesis in- 
experienciales, se nota en casi todos los filoso- 



JOSÉ INGENIEROS 73 

fes actuales. Cierto que gran número de ellos 
tergiversan y adulteran la interpretación cien- 
tífica gracias a una oculta y malévola intención, 
unas veces, y a un reverberante entusiasmo', 
otras. Pero el hecho es que se reconoce am- 
pliamente la imposibilidad de especular en fi- 
losofía sin el auxilio de esos mismos resultados 
de la investigación; tan combatida por muchos. 
"Conviene^ señalar, dice Ingenieros, que los ad- 
versarios ~de los métodos científicos los usan 
cuando pueden, aunque dicen lo contrario 
cuando polemizan; repiten, asimismo, todos los 
conocimientos experienciales que no pueden 
negar, aunque pervirtiéndolos con algunas adi- 
ciones de hipótesis ilegítimas que aún defienden. 
En esto de aprovechar al adversario, obran co- 
mo esos locos que se suponen perseguidos por 
ios médicos del asilo, pero de vez en cuando 
les piden cigarrillos". Por lo tanto, pues, la 
fórmula ele la Metafísica del porvenir, según 
Ingenieros, ha invertido el significado de la an- 
tigua: en vez de estudiar los "primeros princi- 
pios de todas las cosas", procurará sistematizar 
las últimas aproximaciones hipotéticas a la ex- 
plicación de los problemas inexperienciales ; es 
decir, que en vez de partir de principios aprio- 
rísticosj revelados, eminentemente dogmáticos, 
tomará impulso y seguirá una trayectoria deter- 
minada, en gran parte, por la ciencia, por no 
decir en su totalidad. 



* * 

Al estudiar el proceso histórico de la meta- 
física, se nota que por mucho tiempo ha usado 



74 JULIO EXDABA 

métodos legítimos o ilegítimos, por Jo cual se 
hace indispensable conocer el valor de cada 
uno. 

Son métodos ilegítimos, según Ingenieros: 
Los místicos: quieren resolver los problemas 
inexperienciales mediante revelaciones, adivi- 
naciones o intuiciones, como recientemente se 
las llama; son todos, ajenos a la experiencia. 
"Las diversas corrientes intuicionistas, neoidea- 
listas y neoespiritualistas muestran una con- 
fianza muy limitada en el valor de tales méto- 
dos; aunque se indinan a afirmarlos teórica- 
mente, prefieren en la práctica los racionales y 
con frecuencia usan los experienciales". 

Los dialécticos: se fundan en la sutileza y 
complicaciones del razonamiento. A estos perte- 
nece el "humanismo", ahora en plena crisis, (i). 
El objeto de todos estos no es propiamente la 
investigación de la verdad, sino la arquitectónica 
del lenguaje, lo cual equivale a una carrera de 
obstáculos, interesante sólo por^sus peripecias. 
Conociendo, pues, la esencia de los métodos 
anteriores, no es difícil comprender su ilegiti- 
midad, por lo mismo que sólo sirven para per- 
petuar la paleo-metafísica. 

Sen métodos legítimos, según Ingenieros: 
La duda metódica acerca de los resultados 
de la experiencia (observación y experimenta- 
ción) ; la construcción de hipótesis para expli- 
car los resultados de los anteriores y "condi- 
cionar su contraprueba"; crítica lógica de ellas 
para resolver sobre su legitimidad, según los 
resultados de ía experiencia. 



(1) Véase el hondo estudio de Ramiro de Maeztu : 
'La Crisis del Humanismo." 



JOSÉ IXGEXIEEOS 75 



* 



Ahora bien, la diferencia entre las hipótesis 
metafísicas y las científicas, residiría en el ca- 
rácter inexperiencial que tienen las primeras. 
"Las hipótesis científicas subordinan su legiti- 
midad a la demostración experiencial" y "las 
metafísicas sólo aspiran a ser lógicamente le- 
gítimas ; sin que se considere posible su de- 
mostración experiencial". 

Este carácter, esencial y distintivo de cada 
grupo, debe tenerse muy presente, para no in- 
currir en el común error de criticar las unas 
porque no tienen ni consiguen las finalidades 
de las otras. Gran parte, en mi concepto, de las 
discusiones de cuantos han hablado y escrito 
como filósofos o pretendientes a ese título, han 
girado alrededor de una tergiversación de am- 
bos términos. Se ha lanzado, por ejemplo, con- 
tra la ciencia, 'la acusación de no resolver el 
origen de la vida y otros problemas semejan- 
tes, de lo cual creen poder deducir su inutilidad. 
Quieren que determine antes las interrogantes 
metafísicas o teológicas, que son extrañas a su 
finalidad. Igual observación se puede aplicar 
a otras disciplinas. Y esta pretendida acusa- 
ción, que Otrora se explotó para proclamar la 
bancarrota de la ciencia, no es sino el fruto de 
una confusión de términos y un olvido de lími- 
tes. Pretender que la ciencia resuelva los pro- 
blemas metafísicos equivale a preguntar a un 
médico sobre el procedimiento mejor para la 
construcción de puentes... 

"Las ciencias formulan hipótesis experien- 



76 JULIO ENDARA 

cíales; la metafísica formula hipótesis inexpe- 
rienciales". Por eso, la diferencia entre la ló- 
gica científica y la lógica metafísica no consis- 
te en sus métodos sino en su finalidad; la pri- 
mera se propone ser un arte de probar, objeto 
que la segunda no puede proponerse, limitán- 
dose a ser un arte de legitimar". Como una con- 
secuencia de lo anterior, Ingenieros llama ló- 
gicas a las hipótesis científicas y metalógicas a 
las metafísicas; cree que los problemas expe- 
rienciales son accesibles mediante hipótesis 
científicas y los inexperienciales mediante hi- 
pcrhipótesis metafísicas. 

Relacionando estos términos, y teniendo en 
cuenta que la premisa de la metafísica es la 
ciencia, o mejor, que sin conocer los datos de 
la experiencia, no se puede construir una me- 
tafísica legítima, Ingenieros define así la del 
porvenir: "la metafísica del porvenir será un 
sistema de hiperhipótesis que partan de lo ló- 
gico cxperiencial para explicar lo mctalógico 
inexpericncial". 

Una vez que se aceptara esta manera de con- 
cebir la metafísica, es claro que las condicio- 
nes para que una hipótesis metafísica sea legí- 
tima serían las siguientes: 

— Una suma de conocimientos analíticos. 

— La concordancia con los resultados consi- 
derados como menos inseguros en el . dominio 
experiencial excedido por esa hipótesis. 

— "Es provisoria, por cuanto 'la variación de 
sus premisas experienciales puede determinar 
el desplazamiento del problema y sus explica- 
ciones ilegítimas". 

— "Su no contradicción con otras igualmen- 



JOSÉ INGENIEROS 77 

te legítimas en otros dominios inexperiencia- 
Íes". 

Ingenieros concluye, con mucha razón, que 
el razonamiento metafísico condicionado por 
premisas experienciales relativas e imperfectas, 
tiene que ser también relativo e imperfecto. No 
es posible aplicar a él criterios fundados en las 
matemáticas, pues la lógica matemática sólo re- 
suelve problemas que se presumen experien- 
ciales. Con todo, cree que acaso en el porve- 
nir se pueda introducir en la lógica de lo inex- 
periencial algunas normas similares a las que 
se aplican en el cálculo de probabilidades. 

Aun en este caso, por pequeño que parezca 
el ideal de matematización metafísica, creemos 
nosotros que ello será siempre una ilusión, y 
tal vez, lo que es peor, una falacia. La ondu- 
lación de 'las hipótesis metafísicas nada tendrá 
de regular, como nunca lo ha tenido, porque la 
confusión de los términos y de los límites, de lo 
cual no se podría prescindir en la metafísica 
más perfecta, interceptará, seguramente, esas 
ondas, que tienden a la regularidad, y les dará, 
en cambio, un aspecto inesperado e incompati- 
ble ni aún con el cálculo de probabilidades. 
Acaso no sea así; pero la historia de las hipó- 
tesis metafísicas y las condiciones de la razón 
humana lo hacen temer. 

PROPOSICIÓN SÉPTIMA 

La Metafísica del Porvenir. — "La metafísica 
tiene por objeto formular hipótesis legítimas 
sobre los problemas inexperenciales ; las hipó- 
tesis convergentes a una explicación armónica 
de lo experimental, constituyen un sistema me- 



78 JULIO ENDAEA 

ta físico. La Metafísica del Porvenir estará en 
formación continua y presentará algunos carac- 
teres necesarios : la" universalidad, la perfecti- 
bilidad, el antidogmatismo y la impersonalidad. 
vSerá una superación de todas las formas de la 
experiencia, pues todas lindan con problemas in- 
experienciales". 

Este es un capítulo de evidente interés. In- 
genieros asegura a la metafísica del' porvenir 
los caracteres citados a continuación, pero no 
dice si en la antigua y en la presente se obser- 
van ya, aunque sea en embrión, algunos de 
ellos, como creemos. 

i.° Como la metafísica supera todas las for- 
mas de la experiencia, cada día multiplicadas, 
es claro que le tocará elaborar las hipótesis in- 
experienciales sobre un campo muy vasto. Por 
eso, su primer carácter será la universalidad. 
Ingenieros cree que dicha universalidad irá 
creciendo por el aumento del campo experien- 
cia!; nosotros creemos que tendrá que ver en 
ello también la reducción sorprendente a que 
están sometidos y lo seguirán así, los antiguos 
problemas, considerados antes como ilimitados. 
Muchos van camino de desaparecer. Fácil, es, 
por eso, suponer que gran parte del espacio an- 
tes ocupado por ellos, contribuirá a aumentar 
ese carácter de ''universalidad". 

2. "Otro carácter será la perfectibilidad ili- 
mitada de las hipótesis metafísicas y la sustitu- 
ción de los sistemas cerrados, por un sistema 
abierto, en formación continua". Este razona- 
miento se afirma, como es natural, en la des- 
aparición de las viejas verdades fijas, definiti- 
vas y perfectas, propias de una época dogmá- 
tica. Por lo mismo que no es posible desligar 



JOSÉ INGENIEROS 79 

las hipótesis metafísicas de las científicas, en 
constante movimiento, la perfectibilidad de las 
primeras es el inmediato resultado de esa liga- 
dura. De aquí que en el porvenir deberán con- 
cebirse como ''aproximaciones perfectibles". 
Sólo que este carácter que Ingenieros asigna a la 
metafísica del porvenir, lo encontramos en la 
presente y aún en lo pasado, porque obedece a 
procesos psicológicos constantes. La crisis de la 
metafísica en el siglo XIX es ya una prueba de 
la perfectibilidad de una disciplina filosófica, 
que, aunque en teoría no se la ha aceptado, ha 
sido una realidad, y realidad palpitante. ¿Acaso 
no podemos concebir ya los gérmenes de esta 
perfectibilidad en la metafísica pasada, la que 
no se la puede considerar aislada, sino como 
término evolutivo que se relaciona con la futu- 
ra? No se ha constatado hasta hoy, con crisis 
y todo, una verdadera solución de continuidad 
en la metafísica ; sus altos y bajos sólo son acci- 
dentes. Y el hecho de que los pseudometafí- 
sicos de la actualidad, encubiertos bajo sus 
alardes de enemistad, utilicen los mismos dates 
de la ciencia, afirma que es real la mentada 
perfectibilidad metafísica. 

3. "Un carácter lógicamente derivado del an- 
terior será el antidogmatismo (i) en el sentido 
histórico de la palabra dogma : verdad reputada 



(1) "La oposición de "escepticismo y dogmatismo" en 
cuanto al problema especial del valor del conocimiento, 
e3 otra cuestión ; ambas posiciones me parecen lógica- 
mente justificables. Es de avertir que si se hablara 
un lenguaje preciso llegaría a convenirse en que todos 
los filósofos de todas las escuelas deberían ser "escép- 
ticos en metafísica, por la naturaleza misma de las 
hipótesis inexperenciales.'' — Xota de Ingenieros. — "Pro- 
posiciones", pág. 96. 



80 JULIO ENDAEA 

absoluta e infalible que excluye toda posibili- 
dad de rectificación". 

La inmediata manifestación de este antidog- 
matismo será la tolerancia de los filósofos, que 
dejarán de considerarse como los vehículos de 
las revelaciones y, en cambio, aprenderán a dis- 
ciplinar, en cierto sentido, su imaginación crea- 
dora, consultando los datos experienciales. Ha- 
brá un divorcio completo entre el desinterés 
filosófico y la mediocridad ambiente, que anhela 
ier creencias vulgares, restos de ia testa- 
mentaría de épocas pasadas ; "es creíble que en 
el porvenir disminuya el número de hipótesis 
ilegítimas impuestas por principio de autoridad 
y con ello decrecerá la posibilidad de incurrir 
en nuevos dogmatismos". 

4.? Por cuanto, perdido el dogmatismo, gana- 
rán en modestia las hipótesis inexperienciales, 
los filósofos que se ocupen de ellas darán prefe- 
lencia a los resultados lógicos y justos sobre 
cualquier interés personal. Se perderá también 
entonces la individualidad antigua y será un 
carácter indispensable de la metafísica del por- 
venir la impersonalidad. Lo individual será la 
crítica y la variación de una o más hipótesis, 
aunque los hombres de mayor ingenio y saber, 
sean lo que de tiempo en tiempo den un empu- 
jón más vigoroso al conjunto. 

Como bien dice Ingenieros, los metafísicos 
ro usurparán entonces el dominio propio de los 
poetas. Y, creemos nosotros, será necesaria la 
vocación, más que en cualquiera otra discipli- 
na mental. Renunciando a sobrepujar con la 
propia personalidad, los filósofos del porvenir, 
snte la solidez de una posible verdad, inmola- 
rán seguramente las vanidades de originalidad, 



JOSÉ IXGENIEBOS 81 

que tantos y tan estériles conflictos pro- 
vocan. 

PROPOSICIÓN OCTAVA 

El lenguaje filosófico.— "Para plantear con 
exactitud los problemas metafísicos, es indis- 
pensable una renovación total del lenguaje filo- 
sófico. La exactitud de todo proceso lógico está 
condicionada por la exactitud de los térmi- 
nos; con términos imperfectos no podrá elabo- 
rarse una lógica perfecta; de las relaciones 
perfectas entre términos imperfectos, no pue- 
den inferirse conclusiones perfectas". 

No es una novedad ni un misterio para na- 
die que alguna vez se haya ocupado de cuestio- 
nes filosóficas, lio defectuoso del léxico usado. 
Acaso una de las grandes dificultades para el 
estudioso reside en él y acaso también, a su po- 
limorfismo infinito se debe, en gran parte, que 
el estudio de Filosofía tenga ese prestigio de 
obscuridad, tan temible para muchos. De ahí 
que no sorprendan las palabras severas y áspe- 
ras de Ingenieros cuando impugna el galima- 
tías filosófico. Es cierto que sobre todo en la 
época actual, ha llegado a extremarse sobrema- 
nera la exageración lexicográfica; quien guste 
de un estudio serio necesita primero estudiar la 
probable significación de los términos. Y 'digo 
probable, porque cada autor los interpreta a su 
modo, hasta hacer incomprensibles o por lo me- 
nos difíciles las diferencias y analogías existen- 
tes entre varios autores. Las dificultades se 
acentúan más cuando se encuentra que un solo 
filósofo da diez y veinte interpretaciones a un 
término, lo cual no es raro. 



82 JULIO EXDABA 

Hace falta., pues, una renovación del léxico- 
filosófico. ¿Cómo puede llevarse a cabo seme- 
jante trabajo? Ante problema tan complejo, 
toda predicción resultaria aventurada. Las fuer- 
zas tradicionales y los intereses particulares sur- 
gen inmediatamente que se propone un remedio. 
La posibilidad más aceptable, para Ingenieros, 
es la siguiente : una escuela, capaz de realizar una 
renovación total de la filosofía, que consiga im- 
poner a sus sucesores un nuevo vocabulario fi- 
losófico, en que cada término sólo tenga una 
acepción precisa y en que se excluyan todas las 
acepciones figuradas. 

Con todo de ser ingeniosa, la solución no nos 
parece muy viable, porque quien dice escuela 
dice apasionamiento, y por ese camino, jamás 
se ha llegado a la concordancia. Las escuelas, 
por mesuradas que sean, llevan oculta' la inten- 
ción dogmática, la misma que en el momento 
de la discusión ofusca ideas y razonamientos, y 
no sólo no consigue la esperada armonía, sino 
que ahonda aún más las diferencias anteriores. 

La solución que propone Ingenieros nos pa- 
recería realizable si la llamada escuela no 
combatiera por una interpretación sustantiva, 
de esas cuyo anhelo es la originalidad, y, en 
cambio, tuviera como único y exclusivo fin la 
depuración y renovación del léxico filosófico. 
Es claro que tal labor no sería realizada por 
una escuela doctrinaria cuya sola denominación 
entraña un rumbo fijo, sino más bien por un 
grvfo o una sociedad comisionada para ello. 

"La exactitud de todo proceso lógico está 
condicionada por la exactitud de los términos. 
La imperfección del lenguaje científico, y la 
mayor del lenguaje filosófico, depende de que 



JOSÉ INGENIEROS 83 

sus términos tienen su origen en las experien- 
cias necesariamente imprecisas de nuestros sen- 
tidos imperfectos ; con términos imperfectos no 
ha sido posible construir una lógica perfecta". 

PROPOSICIÓN NOVENA 

La Arquitectónica. — "Desprendidas de la 
filosofía diversas ciencias experienciaíes. se 
continuará en el porvenir la ya iniciada tras- 
mutación de la Arquitectónica, hasta constituir- 
se en un género único, la metafísica, destín 
elaborar hipótesis inexperienciales acerca de lo 
que excede a la experiencia de todas las cien- 
cias. Un sistema armónico que intente explicar 
lo inexperiencial en función de lo experiencia!, 
mediante hipótesis incesantemente renovables 
fundadas sobre leves perfectibles, no engendrará 
dos géneros de verdades discordantes y realiza- 
rá la unidad sintética que es la aspiración de 
toda metafísica legítima". 

Ya en las páginas anteriores sintetizamos y 
comentamos las ideas de Ingenieros respecto a 
la moderna manera de considerar muchas dis- 
ciplinas antaño filosóficas y hoy netamente 
científicas. La idea del funcionalismo biológi- 
co da cada una de ellas — psicología, lógica, mo- 
ral, estética — les presta bases insustituibles y de 
firmeza a toda prueba. La valentía de Ingenie- 
ros al afirmar su independencia de la Metafísi- 
ca, es digna de tomarse muy en cuenta. Las 
tendencias neo-metafísicas, informadas en gran 
parte por la ilusión de resucitar antiguas con- 
cepciones, tienen un carácter muy sugestivo; 
acusando a las ciencias de incapacidad para sa- 
tisfacer todas las curiosidades del espíritu, han 



S4 JULIO EXDARA 

querido volver a los métodos introspectivos, y 
en cierta forma revelados. Ha existido, y existe, 
la esperanza de prescindir de Jos resultados cien- 
tíficos en bien de una feliz armonía mística. Para 
sostenerla se han renovado los más sugestivos 
y hábiles sofismas; se han ideado razonamien- 
tos al parecer inatacables. Sólo que ésta es una 
guerra de sombras contra muros palpitantes y 
fuertes. La ciencia no ha tomado, ni puede 
tomar, en serio esos delirios, por alarmantes 
que parezcan. 

Significa, eso sí, una valentía, que los hom- 
bres de ciencia, en sus momentos de descanso 
o de recogimiento íntimo, no hayan prestado 
atención a tan singulares lamentaciones. El sen- 
tido analítico que arruina los cerebros fuertes, 
ha disecado las fingidas emociones de las nue- 
vas plañideras, buenas para triunfar en épocas 
de emotividad primitiva. El estudio metódico 
es sordo a los clamores de los desesperados, que, 
por no haberse sujetado al ejercicio de alguna 
disciplina con bases reales, giran en el vacío, 
presa de la desesperación. Mal hacen con im- 
precar y acusar a la ciencia, si nunca la culti- 
varon en serio y con vocación, o si, habiéndola 
conocido muy superficialmente, quisieron -en- 
contrar en ella soluciones hechas para todo en- 
sueño legítimo o no. De ahí que encontremos 
altamente loable la posición de un hombre co- 
mo Ingenieros, que durante toda su vida ha in- 
vestigado la verdad, con método y paciencia, le- 
grando, por fin, dar consistencia y armoniosidad 
a sus opiniones. 

Algunos las tachan de exageradas. Tal vez 
tengan razón. Para nosotros, con exageración 
y todo, tienen un valor notable porque revelan 



JOSÉ INGENIEROS 85 

la honda fe, tan indispensable cuando de inves- 
tigaciones científicas o filosóficas se trata. 
Quien recorra sus obras no dejará de sorpren- 
derse al encontrar una relación progresivamen- 
te en acceso. Ideas que en las primeras apare- 
cen apenas esbozadas, tímida o velada-mente tal 
vez, toman poco a -poco carácter y saltan luego 
con relieve notable. Se nota preocupación y 
persistente cultivo de las que en un principio 
surgieron como dudas y hoy las admiramos como 
convicciones. |Es la afirmación metódica, o me- 
jor, científica, de la personalidad del maestro 
argentino, 

Y en lo relativo a la arquitectónica de la me- 
tafísica, sus opiniones poseen positivo valor; 
pues, en medio de la clamorosa amenaza de un 
resurgimiento de la vieja metafísica y con ello 
de sus preocupaciones, Ingenieros, con toda au- 
dacia, quiere fijar los límites de la metafísica 
posible. Acaso sus conclusiones no puedan rea- 
lizarse en totalidad, lo que es muy presumible, 
dada la ligereza y apresuramiento del humano 
pensar. Pero, por lo menos, el suyo será un ad- 
mirable conato de seguridad científica. Por el 
momento, es necesario reconocer en él una per- 
sonalidad sin vacilaciones, tal como correspon- 
de a quien cultiva la investigación de la verdad 
Muy diferente es el aspecto de otros, cuyos 
entusiasmos primerizos se tornan al cabo de poco 
tiempo, en tormentosos fantasmas o, por lo me- 
nos, en cargas imposible de sobrellevar. Esa de- 
bilidad de espíritu, tan perjudicial y tan dañina 
para algunos cultores de la ciencia, que acaban 
por renegar de sus opiniones, es lo que no se 
halla en el vigoroso argentino. 

Por eso, nos parece perfecta la proposición 



86 JULIO EXDABA 

con que concluye su obra relativa al porvenir 
de la Filosofía. 

PROPOSICIÓN DÉCIMA 

Los Ideales humanos. — "Los ideales huma- 
nos son hipótesis inexperienciales condicionadas 
por la experiencia y varían en función del me- 
dio experiencial. Su valor para el hombre de- 
pende de su legitimidad. Son más legítimos ios 
que concuerdan con el devenir de la experien- 
cia, anticipándose hipotéticamente a lo que será 
realidad experiencial en el porvenir". 

Si se acepta el imperativo del medio sobre la 
formación de la personalidad, fuerza es aceptar 
también que los ideales humanos están condi- 
cionados y toman su origen en la experiencia. 
Las ciencias, por lo tanto, no tienen, en último 
término, otra razón de ser que el perfecciona- 
miento de esa personalidad en bien de la mejor 
adaptación a la vida. "Las ciencias psicológi- 
cas son normativas o pragmáticas, es decir, úti- 
les para la vida. Mediante la experiencia lógi- 
ca los hombres aspiran a establecer preceptos 
que nos permitan investigar menos insegura- 
mente la verdad; mediante la experiencia mo- 
ral, preceptos que faciliten la práctica del bien ; 
mediante la experiencia estética, preceptos que 
facilitan la comprensión de la belleza". Por lo 
tanto, el carácter distintivo de todas ellas será 
e! de una indefinida renovación, siempre con- 
corde, eso sí, con los datos de la experiencia. 

El Ideal no es otra cosa que una hipótesis 
que excede del campo de las ciencias psicológi- 
cas ; y, por lo tanto, está dentro de la metafísica : 
es un hipotético arquetipo de perfección, abs- 



JOSÉ INGENIEROS 87 

traído de ¡a experiencia. Son las síntesis posi- 
bles de perfección; pero de una perfección ló- 
gica de concebir; porque las otras, las ficciones 
imaginativas que no han sido elaboradas por 
la experiencia, y que no representan una per- 
fección posible de lo real, no son ideales, sino 
quiméricas ilusiones. Por eso Ingenieros da un 
doble origen a los ideales : 

Eliminación de las imperfecciones particula- 
res, y síntesis de las perfecciones generales. 

Como consecuencia de lo anterior, a estas hi- 
pótesis metafísicas se las puede considerar co- 
mo creencias legitimas, cuando no contradicen 
la experiencia, e ilegitimas, en el caso contrario. 

Sus condiciones de legitimidad, pues, son las 
mismas que se aplican o se deben aplicar a las 
demás hipótesis metafísicas. 

Ahora bien, "los ideales — como todas las 
creencias, — no son universales. Cada individuo, 
grupo, cíase, nación, raza, tiene una experien- 
cia distinta y sobre ella elabora hipótesis de 
perfección necesariamente diversas". 

"Los ideales más legítimos sobreviven en la 
selección natural y son reconocidos como tales 
por Ion hombres que tienen una experiencia ho- 
mogénea y elaboran sobre ella sus creencias co- 
munes". 

"De ahí nace el aspecto étnico, nacional, etc., 
que pueden revestir en ciertos momentos los 
ideales políticos, sociológicos y éticos : las creen- 
cias se inclinan en favor de ciertas hipótesis 
que se consideran más adaptadas al porvenir del 
grupo, es decir, más conformes con la expe- 
riencia futura, en cuanto ella puede inferirse de 
la presente". 

"Es a esto que — por extensión — suele lia- 



SS JULIO ENDARA 

marse filosofía nacional : se trata solamente de 
los ideales colectivos, en su aspecto ético-polí- 
tico". 

Y con todo de nacer con carácter particular, 
por su movilidad incesante, igual que las ondas 
de agua, llegan en un momento los ideales a to- 
mar el carácter de universales. Con ello no ha- 
cen otra cosa que desenvolver sus capacidades 
evolutivas, que son su esencia. De ahí que los 
ideales humanos, completamente universales, 
estén por encima de los demás. 

"Habría evidente inexactitud en creer que 
pueden concebirse filosofías nacionales propia- 
mente dichas, pues los problemas y las hipóte- 
sis metafísicas son necesariamente universales. 
Todo induce a pensar que, en la humanidad ci- 
vilizada, los ideales tienden a una progresiva 
■universalidad" . 

"Por eso, más altos que los ideales políticos 
de grupo o nación, están los ideales éticos co- 
munes a los hombres más cultos de todas las 
naciones; éstos forman ya una sociedad sin 
fronteras, presagiadora, acaso, de la fraterni- 
dad que, como un ideal lejano, podemos con- 
cebir para la humanidad entera, cuando en 
ésta, por la selección de lo heterogéneo regresi- 
vo y la educación de lo homogéneo progresivo, 
llegue a constituirse un residuo de homogéneo 
nivel mental". 

Sólo que, para llegar a ese fin, hay que di- 
ferenciar y luego eliminar del campo -de los 
Ideales, las "quiméricas ilusiones" señaladas 
por Ingenieros, y estudiar la manera segura 
de impedir que los primeros no sean las lar- 
vas de las segundas. 



JOSÉ IXGE2ÍIEROS 89 






Para terminar, citaré las palabras con que In- 
genieros concluye su alocución académica: 

"Es común que los hombres dejemos de creer 
en la vejez lo que más firmemente hemos pen- 
sado en la juventud; al disgregarse nuestra 
personalidad, que es una variación individual, 
van reapareciendo entre los escombros esos fan- 
tasmas ancestrales que representan la herencia 
de la especie y la rutina de la sociedad. No te- 
niendo certidumbre alguna de contarme entre 
las excepciones, siempre raras, permitidme, Se- 
ñores Académicos, que me anticipe a la hora 
temida y exprese mi fe optimista en la incesan- 
te perfectibilidad humana. Como hombre, creo 
que la humanidad futura será mejor que la ac- 
tual, por la extensión de la Justicia entre los 
pueblos; como argentino creo que la nacionali- 
dad futura será más grande, por el incremento 
de la Solidaridad entre sus clases; como profe- 
sor, creo que las universidades tendrán un más 
libre empeño en 'la investigación de la Verdad; 
como padre, creo que nuestros hijos vivirán en 
un medio social más propicio al florecimiento 
de la Virtud." 

Las últimas (palabras, delicadamente optimistas, 
bien pueden aprovecharlas cuantos se sientan 
animados de un espíritu juvenil. A ellos las de- 
dica el filósofo argentino y mal haría con omi- 
tirlas. 

"Y a los jóvenes que son la esperanza de la 
humanidad, de los pueblos, de la cultura, de los 
hogares, creo deber decirles la última y más 
sincera palabra de mi juventud no estéril : 



SO JULIO EXDABA 

"Respetad el pasado en la justa medida de 
sus méritos, pero no lo confundáis con el pre- 
sente ni busquéis en él los ideales del porvenir: 
no es verdad que todo tiempo pasado fué mejor. 
Mirad siempre adelante, aunque os equivoquéis: 
más vale para la humanidad equivocarse en una 
visión de aurora que acertar en un responso de 
crepúsculo. Y no dudéis que otros, después, 
siempre, mirarán más lejos; para servir a la 
humanidad, a su pueblo, a su escuela, a sus hi- 
jos, es necesario creer firmemente que todo 
tiempo futuro será mejor." 



Su influencia en nuestra América 

Obra tan varia y sugestiva como la de Inge- 
nieros no podía menos que ejercer gran in- 
fluencia sobre las inteligencias jóvenes de his- 
pano-américa. 

Si /para las letras europeas se ha brindado 
por lo regular un terreno sin resistencias, la obra 
americana, acaso por haberse originado en el 
propio suelo, más probabilidades ha tenido de 
pasar en silencio que de imponerse. .Por lo ge- 
neral se ha hecho costumbre — contra la cual 
se ha reaccionado mucho en algunas naciones, 
de las cuales el mejor ejemplo es la Argenti- 
na — de confundir el concepto de lo propio con 
el de lo inútil. Aún reconociendo el talento, no 
se ha querido igualar en calidad y cantidad al 
extranjero. La desconfianza en lo nacional, el 
prestigio de lo desconocido y la debilidad pro- 
pia de nuestras nacionalidades, se han sumado 
para ahogar o, por lo menos, para desconocer 
muchas inteligencias admirables, bajo el peso 
de falsos prestigios. 

La propensión al sentimentalismo fantasma- 
górico, el pecado imperdonable de la elocuencia 
española, las innatas tendencias conservadoras 
de una raza envenenada con teología, han con- 
vencido a muchas generaciones, que no se debe 
admirar al talento nuevo, y sobre todo, al talento 
propio, sino con aires de desconfianza, procu- 



92 JULIO EXDABA 

rando colocarle en uto nivel inferior, para impe- 
dir así el destronamiento de la mediocridad. 

Ha sido necesario que en esta última época, 
sobre todo gracias a las tendencias internacio- 
nales del pensamiento, se aprenda a comparar, 
a discutir con argumentos reales, para que e;i 
algunos lugares de nuestra América, se admi- 
re, }• mejor aún, se comprenda a las inteligen- 
cias nacionales. Por otra parte, la energía de 
algunas dp éstas para imponerse en medios ex- 
tranjeros, de suyo desconfiados y parcos en el 
elogio, ha hecho el milagro de volverlos al me- 
dio propio, asegurados ya de un prestigio firme. 

Entonces toda posible desconfianza de sus 
capacidades se ha alejado. 

Tal ha sido la trayectoria de cuantos ejercen 
su influencia sobre el pensamiento americano; 
tal ha sido la trayectoria de Ingenieros. 

Sus libros, particularmente aplaudidos en el 
viejo mundo, han llegado a nuestro conocimien- 
to, ya casi célebres. Y, encontrándonos ante 
ellos, no podíamos desconfiar del criterio de los 
críticos que reconocieron todos los méritos, sino 
que íbamos a constatar, a conocer lo que en 
medios de elevada cultura había llamado la 
atención. 

Pero la lectura, más que asegurar el presti- 
gio de su autor, ofrecía ideas, programas, re- 
formas, para enderezar el defectuoso recorrido 
que habíamos efectuado. La seguridad en el 
método científico, la firme creencia de que no 
es posible improvisar conocimientos ni erigirse 
en dómine de lo que no se sabe, el sistemático 
empeño por independizarse de los dogmas que 
han dirigido el pensamiento por el camino de la 
momificación, la aversión para las caprichosas 



JOSÉ INGENIEROS 93 

y hasta necias interpretaciones de nuestra his- 
toria, la disciplina, la fe en el esfuerzo propio, 
la uniformidad de las aspiraciones nacionales y 
continentales, etc., tales han sido las finalida- 
des buscadas ipor Ingenieros, y tales son las 
atrayentes virtudes que priman en todos sus tra- 
bajos. 

También es uno de sus aspectos más intere- 
santes la honda simpatía que él ha manifestado 
por todos los movimientos de renovación ideo- 
lógica y social, mostrándose abierto a todas las 
aspiraciones de la juventud, a todos los anhe- 
los de justicia; asemejándose, en esto, por mu- 
chos conceptos, a hombres de la estirpe de Ana- 
tole France, que han sabido conservar en la 
edad madura un corazón joven y que sabe vi- 
brar por todos los ideales. Buena prueba de 
eso ha dado Ingenieros en una serie de breves 
artículos dedicados a templar la moral de la 
juventud y en su reciente libro "Los tiempos 
nuevos", en que analiza con optimismo los pro- 
blemas sociales consecutivos a la guerra, como 
si ellos estuvieran planteados para hombres de 
otra humanidad. Eso también ha contribuido 
a que su palabra sea escuchada con interés, aun- 
que no siempre sus opiniones hayan sido com- 
partidas. 






Sería incompleta una impresión total sobre el 
pensamiento ideológico de Ingenieros si no re- 
sumiera, a modo de coronamiento, su teoría o 
concepción verdaderamente personal de un idea- 
lismo fundado en ¡a experiencia; la ha expuesto 



84 JULIO EXDABA 

en la introducción de '"El Hombre Mediocre" y 
la ha desarrollada en varios escritos posteriores, 
en que trata de demostrar que el verdadero idea- 
lismo debe ser una fuerza moral inspirada en el 
deseo de mejorar lo real y no una simple doc- 
trina metafísica abstracta. Sostiene que "los 
ideales éticos son hipótesis de perfección" y hace 
notar que cada sociedad humana vive en con- 
tinuo devenir para perfeccionar su adaptación a 
un medio que incesantemente varía; das etapas 
venideras de ese proceso funcional son concebi- 
das por la imaginación de los hombres en forma 
de ideales. Un hombre, un grupo o un pueblo 
son idealistas cuando conciben esos perfeccio- 
namientos y ponen su energía al servicio de su 
realización. 

Considera que siendo expresiones de hipoté- 
ticos estados de equilibrio entre el pasado cono- 
cible y el iporvenr imaginable, "los ideales se 
postulan como anticipadas representaciones de 
procesos que se gestan continuamente en la ines- 
table realidad social ; cuando no expresan una 
forma del posible devenir, son fantasmas vanos, 
fútiles quimeras". 

De ello deduce Ingenieros que el valor de los 
ideales, como hipótesis de perfectibilidad, es 
muy diverso; pero es la ulterior experiencia, y 
sólo ella, quien decide sobre su legitimidad en 
cada tiempo y lugar. "Un ideal, como fuerza 
viva, es la antítesis de un dogma muerto ; tanto 
difieren, el uno del otro, como un ruiseñor que 
canta en la rama difiere de su cadáver embal- 
samado en la vitrina : de un museo". Por eso 
repite que "en el curso de la vida social se selec- 
cionan naturalmente; sobreviven los más adap- 
tados, es decir, los coincidentes con el perfec- 



JOSÉ INGENIEROS 95 

cionamiento efectivo. Mientras la experiencia no 
da su fallo, todo ideal es respetable, aunque 
parezca absurdo. Y es útil, por su fuerza de con- 
traste; si es falso muere solo, no daña. Todo 
ideal puede contener una parte de error o serlo 
totalmente: es una visión remota y por lo tanto 
expuesta a ser inexacta. Los único malo es ca- 
recer de ideales y esclavizarse a las contingen- 
cias de la vida práctica inmediata, renunciando 
a la posibilidad de la perfección". Formulando 
sus hipótesis en función de la experiencia social, 
toda ética idealista aspira a expresar un anhelo 
de perfeccionamiento efectivo; nada se le parece 
menos que los idealismos absolutos o trascen- 
dentales de los viejos metafísicos, cuyas hipóte- 
sis eran construcciones dialécticas desprovistas 
de correlación funcional con el devenir de la 
moralidad. 

Considera que toda moral idealista contiene 
una previsión del porvenir y que su carácter 
esencial es llevar implícitos los conceptos de per- 
fección continua y de incesante devenir; por eso 
sólo merecen el nombre de idealistas los hom- 
brs que anhelan algún futuro mejor contra un 
actual imperfecto. 

Las creencias retrospectivas no son ideales 
sino supersticiones, signos de vejez mental en 
los individuos y en los pueblos. El conformismo 
y el tradicionalismo son negativos para el por- 
venir, pues implican adhesión a fórmulas que 
acaso sirvieron en algún momento del pasado y 
que aun conservan cierta fuerza de inercia. Los 
más peligrosos enemigos de los "ideales nue- 
vos" son, en cada época, los que pretenden mo- 
nopolizar el idealismo en favor de "ideales 
viejos". Es indudable que en el pasado existie- 
ron valores individuales dignos de admiración, 



96 JULIO ENDABA 

en todos los órdenes del saber, de la belleza, de 
la virtud; pero no es lícito inferir de ello que es 
venerable todo lo pasado por el hecho de serlo, 
ni se puede justificar sus muchas lacras por sus 
pocas excelencias. 

Es indudable, por lo tanto, que el perfecciona L 
miento moral requiere una incesante renovación 
de ideales. Si en cada momento del tiempo se 
modifica la realidad social, no es concebible que 
los ideales de ayer tengan función hoy, ni que 
los de hoy la conserven mañana; y mientras coe- 
xistan en el espacio sociedades heterogéneas, 
cada ideal sólo será legítimo donde sean efecti- 
vas las condiciones que lo engendran. 

No existe, según Ingenieros, un abstracto 
ideal con caracteres absolutos, mero concepto 
trascendente y eterno; los ideales son múltiples 
y concretos, funcionales y perfectibles, varian- 
tes como las condiciones mismas de la vida hu- 
mana. Es inevitable que los individuos y las 
sociedades formulen bajo aspectos distintos sus 
hipótesis de perfección, relativamente a sus ex- 
periencias particulares. Por eso hay tantos idea- 
lismos como ideales, y tantos ideales como idea- 
listas, y tantos idealistas como hombres aptos 
para concebir perfecciones ; la aspiración moral 
de lo mejor no es privilegio exclusivo de ningún 
dogmatismo metafísico. 

La conciencia social formula en cada época 
ideales propios que interpretan las nuevas posi- 
bilidades de su experiencia sin cesar renovada. 
Lo que ayer fué ideal puede ser hoy interés 
creado, enemigo de ideales más legítimos ; y el 
ideal de hoy podrá convertirse mañana en rutina 
obstruyente de nuevos ideales. ''Si nada es y 
todo deviene, como enseñaba Heráclito, el tiem- 
po, integrando la experiencia, modifica el valor 



JOSÉ INGENIEROS 97 

funcional de los ideales. Por omitir ese elemen- 
to de juico resultan tradicionalistas en la vejez 
muchos hombres que fueron innovadores en la 
juventud; siguen pensando como si la realidad 
social no hubiese variado y no comprenden que 
el devenir de la experiencia ha exigido la reno- 
vación de los ideales. En todo tiempo han me- 
recido el nombre de maestros los que supieren 
encender en los jóvenes el amor a la verdad y 
el deseo de investigarla por los caminos de la 
ciencia; ipero fueron maestros entre los maes- 
tros los que trataron de ennoblecer ese amor y 
ese deseo sugiriendo ideales adecuados a su me- 
dio y a su tiempo, para que la imaginación su- 
perase siempre a la realidad, remontándose hacia 
las cumbres inalcanzables de la perfección in- 
finita." 



* * 



Cultura, método, ciencia, aspiración social ; 
he aquí la directriz ideal para la inteligencia. 
Y en cad.a una de las obras del maestro argen- 
tino se ha seguido esa directriz; de ahí la efica- 
cia práctica de sus doctrinas. Publicaciones de 
toda categoría, desde la de carácter eminente- 
mente técnico, hasta las de modestas aspiracio- 
nes, han comentado sus ideas cuando no han 
reproducido fragmentos de sus diversos traba- 
jos. El pensamiento de Ingenieros, y, con él, el 
pensamiento argentino, ha llegado a infiltrarse 
en todos los cerebros que guardan energías de 
juventud, como para asegurarles un porvenir 
glorioso, en el que se aprovechen todas las ap- 
titudes de la inteligencia americana. 

El criterio renovador y liberal, y quien dice 



9S JULIO EXDARA 

liberal dice critico, desenvuelto ampliamente en 
todos suts libros, ha llegado hasta la prensa, in- 
fundiéndole en no pocas ocasiones un vigor 
nuevo; sus doctrinas y puntos de vista son ex- 
puestos y comentados en varias cátedras de 
medicina, jurisprudencia, filosofía, historia. 

Así le conocimos muchos. Primero, la nove- 
dad del concepto, la forma valiente y a veces 
rebelde con que se expresaba, luego la sistema- 
tización crítica, la realidad del constante per- 
feccionamiento, la aptitud para estudiar pro- 
fundamente problemas de distinto carácter, el 
cariño a la tierra, han hecho de Ingenieros uno 
de los maestros — y la idea de maestro va unida 
indefectiblemente a la enseñanza — de la actual 
juventud americana, pese a los egoísmos de 
muchos y a la ignorancia de no pocos. 

La sistematización de sus doctrinas, formula- 
das después de un largo peregrinaje por los 
campos de la ciencia, ha sorprendido a muchos. 
De éstos, la mayoría ha acabado por aceptar- 
los; la minoría, aunque sin fuerzas para com- 
batirlas, se resigna a desconocerlos. Es la repe- 
tición de una actitud mental, cuando se ha he- 
cho pública una opinión filosófica o una hipó- 
tesis científica. 

Sobre todo en nuestros medios intelectuales, 
donde si bien la cultura literaria alcanza, a ve- 
ces, una amplitud inusitada, acaso comparable 
y hasta superior a la de varios centros euro- 
peos, en cambio, la cultura científica la cultivan 
muy pocos. De ahí que obras de gran alcance, 
como en el presente caso la de Ingenieros, a 
pesar de la abundancia de elogios con que se la 
ha recibido, no pueda ser apreciada por todos 
en profundidad. 



JOSÉ INGENIEROS 99 

Su comprensión demanda conocimientos pro- 
lijos de historia de la filosofía y profusas mi- 
ras sobre las ciencias; y ésto, no sólo para com- 
prenderla, sino muy principalmente, para apro- 
vecharla. 

La influencia de Ingenieros, hasta ahora, se 
ha localizado a la crítica histórica, a la crimi- 
nología, a la psicología, a la literatura, pero 
aún no con una intensidad paralela a los alcan- 
ces de sus obras, sobre todo en lo que a filoso- 
fía se refiere. Es bien evidente: (para que 'sus 
doctrinas sean plenamente aprovechadas será ne- 
cesario, sobre todo en algunas naciones de nues- 
tro continente, esperar mayor perfeccionamien- 
to en el estudio de los diversos problemas 
abordados por Ingenieros, o, más claramente, 
en el estudio crítico de las ciencias que se rela- 
cionan con los estudios del filósofo argentino. 

Hoy se le conoce, se le admira, se le comba- 
te; una pequeña pero fuerte minoría acoge y 
propaga sus doctrinas; podemos esperar que 
dentro de poco tiempo se le estudie con más 
fervor y calma, pues muchos de 'sus puntos de 
vista serán útilísimos en la evolución de la cul- 
tura americana; y a medida de las necesidades, 
se releerán sus libros con la seguridad de sacar 
opiniones aplicables a 'la realidad. 

La influencia de las ideas científicas es lenta 
pero segura. Aun cuando ellas no puedan ser 
aceptadas en totalidad, sirven, por lo menos, 
para provocar discusiones pródigas en verda- 
des ; así, la teoría que no encuentra aplicación, 
origina indirectamente otra más perfecta. Por 
eso, la influencia de la obra de Ingenieros, que 
en la actualidad alcanza buenas proporciones, 
aumentará con el andar del tiempo. No en va- 



100 JULIO ENDABA 

no tiene sus reservas favorables para nuevos 
perfeccionamientos, que es 'dado esperar de 
quien apenas se encuentra 

nel mezzo del camin di nostra vita. 

No es extraño, pues, que por estas conside- 
raciones, le llamemos Maestro- 



ÍNDICE 



Pág. 

Advertencia de la segunda edición 7 

Ingenieros y su obra . 9 

Concepto de la ciencia y de la filosofía ... 31 

La filosofía de Ingenieros 49 

Su influencia en nuestra América 91 



-TALLERES GRÁFICOS— 

schenone hnos. t llnari 

Pasco 735, Buenos Aires 



V* A 



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B En dará, Julio 

103*+ José Ingenieros y el 

I6^E6 porvenir de la filosofia